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Dejo que duela, siento...
Cuando duele, siento el dolor, no huyo, no escapo, siento las sensaciones, abro el corazón, abro cada sentido, solo siento y dejo que se pose en mi ser, cuando me aquieto, llega como un ave y se va, cuando lucho me persigue.
Al dolor hay que conocerlo, entenderlo, mirarlo a los ojos, abrazarlo compasívamente, y el dolor se transforma, se suaviza, se aligera..
Y cuando llegan esas ganas de llorar, como haces para aguantar el llanto, cómo haces para ser fuerte?
Me rindo a la vida, no busco ser fuerte, cuando llegan las ganas de llorar, lloro, cuando llega el llanto, lo recibo con dulzura, no lucho con la naturalidad de mis emociones, me he reconciliado con ellas, me dejo llover, dejo que las lágrimas enjuaguen mis heridas y despejen mi corazón..
Y que haces con la nostalgia?
La abrazo, cuando llega la nostalgia, le abro las puertas de mi alma y dejo que me visite, que me envuelva con sus brazos con suavidad, le cuento lo que añoro, le platico mis memorias, le abro mi corazón, le pongo un brazo, una mano y me acurruco en su presencia, la nostalgia me apachurra el corazón pero me acaricia el alma.
La transformación no está en la lucha, la transformación está en la aceptación, y ese es un sendero que te invita a encender la luz del alma desde adentro, aquietar la mente, callar el intelecto, abrazar la vida como es, no como quisiéramos, aceptarte en comunión con la vida, abrazar las emociones, reconciliarte con la naturaleza del ser, y dejar de luchar para empezar a trascender.....
¿Qué haces cuando duele?
Abrazo el dolor hasta que sane”