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Hay días llenos de luz, encuentros que nos devuelven la esperanza, abrazos que parecen detener el tiempo y momentos tan hermosos que quisiéramos guardarlos para siempre.
Pero también existen días oscuros. Hay pérdidas, decepciones, despedidas, palabras que duelen y momentos que dejan heridas profundas.
Sin embargo, hay algo que muchas veces olvidamos: no podemos elegir todo lo que nos sucede, pero sí podemos decidir qué lugar ocupará aquello que nos sucedió en nuestra vida.
Cada persona construye su memoria de una manera diferente. Algunos se quedan atrapados durante años en aquello que los lastimó. Otros, sin negar el dolor, consiguen transformarlo en aprendizaje.
Porque recordar no significa vivir en el pasado.
Podemos recordar una tristeza sin volver a sufrirla. Podemos mirar una herida y reconocer que alguna vez dolió, pero que ya no tiene por qué dirigir nuestros pasos. Podemos agradecer incluso algunos capítulos difíciles, no porque hayan sido buenos, sino porque nos enseñaron quiénes somos y qué queremos para nuestra vida.
También están esos pequeños momentos de magia que merecen ser protegidos: una conversación sincera, una canción, una mirada, una tarde compartida, la risa de alguien que amamos, el abrazo de un hijo, la llegada de un nieto, un paisaje, una amistad inesperada o simplemente la paz de una mañana tranquila.
Quizás la madurez consista, en parte, en aprender a elegir qué guardamos.
No podemos borrar las páginas oscuras de nuestro libro, pero tampoco estamos obligados a releerlas todos los días.
La vida es una mezcla de luz y sombra, de encuentros y despedidas, de alegrías y dolores. Y cada uno de nosotros decide qué recuerdos alimenta, cuáles deja descansar y cuáles convierte en sabiduría.
Por eso, cuando mires hacia atrás, no cuentes solamente las veces que la vida te hizo caer.
Recuerda también cuántas veces volviste a levantarte.
Guarda la magia.
Aprende de la oscuridad.
Y sigue caminando.
Porque quizás vivir también sea eso: elegir, entre todo lo que nos pasó, aquello que merece seguir viviendo dentro de nosotros.