Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137

Cuando Amar también Significa Soltar

Vivir cerca de una persona con una adicción no es simplemente acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad. Muchas veces significa vivir dentro de un torbellino emocional que cambia de dirección sin avisar. Un día aparece la esperanza, al siguiente la decepción; una promesa trae alivio y una recaída vuelve a abrir una herida que parecía empezar a cerrar.

Al principio creemos que el amor puede salvarlo todo.

Pensamos que nuestra paciencia, nuestra compañía, nuestras palabras, incluso nuestros sacrificios, serán suficientes para que esa persona vuelva a encontrarse consigo misma. Y entonces comenzamos a esperar: que cambie, que cumpla, que deje de consumir, que esta vez sea diferente.

Pero poco a poco la vida empieza a girar alrededor de la adicción.

Uno se convierte en detective para descubrir qué ocurrió, en enfermero para reparar las consecuencias, en rescatista para evitar el próximo desastre. Se aprende a reconocer silencios, miradas, excusas y pequeñas señales. Y, mientras intentamos sostener al otro, dejamos de preguntarnos cómo estamos nosotros.

La preocupación ocupa el lugar de la tranquilidad.

La culpa reemplaza al descanso.

El miedo termina ocupando espacios donde antes había alegría.

Y existe una verdad dolorosa que tarde o temprano necesitamos comprender: amar a alguien no significa tener el poder de salvarlo.

La recuperación necesita una decisión propia, acompañamiento adecuado y, muchas veces, ayuda profesional. Nadie puede recorrer ese camino por otra persona.

Por eso, poner límites no es abandonar. Alejarse no necesariamente significa dejar de amar. Y soltar tampoco es sinónimo de odiar.

A veces, soltar significa dejar de vivir una vida completamente organizada alrededor del dolor de otra persona.

Significa entender que acompañar no es destruirse. Que ayudar no es encubrir. Que amar no significa aceptar cualquier cosa. Y que cuidar a alguien nunca debería exigirnos desaparecer nosotros mismos.

Hay momentos en los que la mayor expresión de amor posible es dejar de rescatar, dejar de justificar y permitir que cada persona enfrente las consecuencias de sus decisiones.

Porque también tenemos derecho a vivir en paz.

Tenemos derecho a dormir tranquilos, a recuperar nuestra alegría, a volver a encontrarnos con quienes éramos antes de que la adicción ocupara toda la casa, toda la familia, todos nuestros pensamientos.

Y quizás ahí comienza otra forma de amor: el amor propio.

No podemos decidir por quien está hundiéndose si quiere salir del agua. Pero sí podemos decidir cuánto tiempo más permaneceremos nosotros bajo el agua intentando salvarlo.

A veces salvar nuestra propia vida no es egoísmo.

Es supervivencia.

Y también es recordar que nuestra historia merece continuar, incluso cuando alguien que amamos todavía no encuentra el camino para recuperar la suya.



Autor:Editorial

Comentarios

Comentar artículo