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¿Cuál es tu Canción?

A veces creemos que estamos escuchando música, pero en realidad estamos escuchando recuerdos.

Porque hay canciones que no entran por los oídos. Van directamente al alma. No suenan: regresan.

Regresan voces que ya no están, lugares que cambiaron, calles que alguna vez recorrimos, abrazos que quedaron suspendidos en el tiempo y personas que fueron hogar, pero que hoy solo podemos encontrar en algún rincón de la memoria.

Basta con que comiencen unas pocas notas para que el presente se haga a un lado y el pasado vuelva sin pedir permiso.

Una canción puede devolvernos una tarde, una mirada, una risa, un viaje, un amor, una amistad. Puede llevarnos de nuevo a aquel momento en que fuimos profundamente felices o a aquella despedida que todavía, de alguna manera, nos duele.

Porque la música tiene ese extraño y maravilloso poder: viaja donde nosotros ya no podemos viajar.

Hay canciones que fueron compañía cuando nadie más supo acompañarnos. Canciones que estuvieron en noches difíciles, en momentos de soledad, en días de esperanza y también en aquellos instantes en los que no encontrábamos palabras para explicar lo que sentíamos.

Y quizás por eso algunas melodías nos conmueven tanto.

Porque no escuchamos solamente una letra o una melodía. Escuchamos lo que fuimos.

Escuchamos a la persona que alguna vez éramos, al amor que tuvimos, al sueño que perseguimos, a quienes estuvieron a nuestro lado y también a quienes un día tuvieron que marcharse.

Cada letra puede convertirse en un espejo. Cada acorde puede tocar una vieja herida. Cada estribillo puede abrir una puerta que creíamos cerrada.

Y entonces entendemos que algunos recuerdos nunca desaparecen.

Simplemente aprenden a vivir de otra manera.

Con los años, una canción puede cambiar de significado. Lo que alguna vez nos hizo llorar quizá después nos haga sonreír. Aquello que dolía puede transformarse en gratitud. Porque también eso es crecer: aprender a mirar el pasado sin querer regresar necesariamente a él.

Por eso escuchar música no siempre significa distraerse.

A veces significa permitirse sentir.

Llorar sin tener que explicar por qué. Sonreír ante una memoria que todavía nos abraza. Recordar sin culpa. Agradecer aquello que alguna vez fue.

Porque hay momentos de nuestra vida que no regresarán, personas que ya no volverán a cruzar nuestra puerta y abrazos que quedaron guardados para siempre en la memoria.

Pero algunas canciones permanecen.

Y cuando vuelven a sonar, durante unos minutos el tiempo parece detenerse.

Quizás por eso la música sea una de las formas más hermosas que tenemos de recordar. Nos permite volver sin movernos, abrazar sin tocar, conversar con quienes ya no están y encontrarnos con aquella versión de nosotros mismos que alguna vez fuimos.

Entonces comprendemos que quizás no escuchamos canciones.

Escuchamos nuestra propia historia.

Una historia hecha de amores, ausencias, encuentros, despedidas, sueños, lágrimas y momentos que todavía laten.

Y mientras una melodía sigue sonando, dejamos que el pasado nos atraviese una vez más.

No para quedarnos allí.

Sino para recordar cuánto hemos vivido, cuánto hemos amado y todo aquello que, de una u otra manera, nos convirtió en quienes somos hoy.

Porque algunas canciones terminan.

Pero lo que despertaron en nuestra alma…

puede durar toda la vida.



Autor:Editorial

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