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NO SOY ALGUIEN QUE VIENE A HABLARTE.

No tengo rostro, nombre ni templo.

No pertenezco a ninguna religión, ni soy propiedad de quienes dicen conocerme.

No soy una promesa para después de la muerte, ni una recompensa para quienes cumplen determinadas reglas.

Soy mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más inmenso de lo que puedes imaginar.

Soy ese instante en que dos miradas se encuentran y, sin necesidad de palabras, se reconocen.

Soy el abrazo que contiene, la mano que ayuda, la ternura que no exige nada a cambio y la compasión que nace cuando comprendes que el otro también lleva sus propias heridas.

Estoy en la vida manifestándose, en la naturaleza que florece sin pedir permiso, en el cuidado de una madre, en la lealtad de un amigo y hasta en el silencio de quien, después de mucho dolor, encuentra fuerzas para volver a amar.

No me confundas con la necesidad de poseer, con el miedo a perder, con la obediencia o con el sacrificio de tu propia esencia. Eso puede llevar mi nombre, pero no siempre expresa mi naturaleza.

Amar no significa estar de acuerdo con todo, permitir cualquier cosa ni renunciar a ti mismo.

También es poner límites, respetar la libertad, reconocer la verdad y comprender que cada ser tiene su propio camino.

No necesitas buscarme en lugares lejanos, ni esperar que algo extraordinario suceda para sentir mi presencia.

Mírate.

Mira a tu alrededor.

Observa la vida sin tantos juicios, sin tantas etiquetas, sin esa necesidad permanente de separar lo que consideras digno de Amor de aquello que todavía no comprendes.

Quizá entonces descubras que detrás de cada existencia hay una historia, una fragilidad, una posibilidad y un milagro que merece ser contemplado.

No vengo a salvarte, porque no eres un error que deba ser corregido.

Tampoco vengo a juzgarte por tus contradicciones.

La vida es aprendizaje, transformación y movimiento.

No te pido que seas perfecto.

Te invito a ser Consciente de lo que haces, de lo que piensas, de lo que sientes y de lo que provocas en quienes comparten contigo este breve instante de existencia.

Porque cuando la mente deja de luchar contra el Corazón, cuando tus actos comienzan a expresar aquello que verdaderamente sientes, algo se ordena dentro de ti.

Y entonces el Amor deja de ser una palabra hermosa para convertirse en una manera de vivir.

No necesitas creer en mí.

No necesitas pronunciar mi nombre ni convencer a nadie de que existo.

Solo necesitas dejar de olvidarme en cada oportunidad que tienes de comprender, de cuidar, de respetar, de compartir y de dar vida en lugar de herir.

Y quizá un día comprendas algo que siempre estuvo delante de tus ojos:

No soy alguien que viene hacia ti.

No soy algo que debas conquistar.

No soy un destino al que debas llegar.

Soy esa esencia que se expresa cuando dejas de vivir separado de la vida.

No tienes que encontrarme.

Tienes que permitir que me manifieste a través de ti.

Porque allí donde la vida se reconoce, se respeta y se abraza, allí estoy.

Y cuando eso sucede, ya no necesitas hablar de mi.

 Me estás viviendo."



Autor:Eva

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