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La soledad no existe son nuestros demonios

La soledad posee un peso.

No cae sobre los hombros.

Se instala detrás del esternón, donde el corazón comienza a olvidar su oficio.

Respiré aquel aire espeso que sólo existe en los templos abandonados y en las habitaciones donde el amor murió mucho antes que los amantes.

Comprendí entonces que mi esposo no era ausencia.

Era vacío.

No era odio.

Era una forma perfecta de inexistencia.

Y la inexistencia hiere con mayor precisión que cualquier espada.

Después vino la visión.

Un sai atravesó mi tercer ojo.

No abrió mi frente.

Abrió mi noche.

Vi mi carne arder con la serenidad de las antiguas hogueras.

Vi desfilar un linaje de brujos vestidos de blanco y de negro.

Después entendí que ambos colores eran la misma mentira.

Sólo existe la sombra.

La luz no es más que una sombra que ha olvidado su nombre.

Mi sangre olía a mariposas nocturnas.

La muerte tenía perfume.

La locura tenía música.

El río tenía memoria.

Y yo ya no sabía dónde terminaba el cuerpo ni dónde comenzaba el ser.

Si alguna enseñanza arrastro de esta vida es ésta:

el infierno jamás fue un lugar.

Fue una interpretación.

El cielo tampoco.

Ambos fueron inventados para que el hombre pudiera soportar el insoportable privilegio de existir.

Todo lo demás...

es literatura.

Y acaso la literatura sea el único demonio capaz de decir siempre la verdad.



Autor:Jorgelina E Rodriguez Liñan

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