Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
Esa es una ilusión que distrae de un conflicto mucho más antiguo.
Desde que existe la humanidad, la batalla siempre ha sido la misma:
La del carácter contra la corrupción.
La verdad contra la mentira.
La virtud contra el vicio.
Hay hombres que destruyen hogares y hombres que los sostienen. Hay mujeres que manipulan y mujeres que inspiran. El sexo nunca ha sido el criterio que separa a las personas de bien de las personas dañinas.
No sé debe juzgar a alguien por haber nacido hombre o mujer. Se juzga por sus actos. El valor, la justicia, la templanza y la sabiduría no pertenecen a un género, sino al alma.
Sin embargo, las ideologías que viven de la confrontación necesitan dividir.
Unas enfrentan a hombres contra mujeres;
Otras separan a las personas por raza, clase, política o cualquier otra identidad.
Cuando el conflicto se convierte en un negocio o en una bandera, la unidad deja de ser una opción.
No importa si el discurso proviene del feminismo radical, del machismo o de cualquier otra ideología que convierta a un grupo entero en enemigo.
Cuando se deja de juzgar a las personas por sus acciones y se las juzga por la etiqueta que llevan, la justicia desaparece.
Es más fácil señalar al otro que corregirse a uno mismo. Es más cómodo culpar a un grupo entero que enfrentarse a las propias fallas.
Así nacen las guerras inútiles: cuando olvidamos que el enemigo no siempre está enfrente. Muchas veces habita en nuestros propios impulsos, en el orgullo, el resentimiento, la mentira y la falta de dominio propio.
Una sociedad no se derrumba porque existan hombres o mujeres. Se derrumba cuando la virtud deja de ser admirada y el vicio comienza a ser celebrado.
La pregunta nunca fue: ¿de qué lado estás, hombres o mujeres?
La verdadera pregunta es:
¿Estás del lado de la justicia o de la injusticia? ¿De la virtud o de la corrupción? ¿De quienes construyen o de quienes destruyen?
Porque esa ha sido, desde siempre, la única guerra que realmente importa.