Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
Mírate a vos mismo. ¿Cuántas veces has dicho “amo a Dios”? ¿Cuántas veces has orado y dicho que buscas su amor? ¿Cuántas veces has creído que el amor divino es un sentimiento tranquilo y hermoso? Eso no es el amor divino. Eso es una ilusión. Esa es una imagen distorsionada que te han puesto en la cabeza. El verdadero amor divino no es un sentimiento. El verdadero amor divino es energía. Una energía que te electrifica. Una energía que te enciende. Una energía que te hace temblar. Que te hace llorar. Que te hace reír. Que te hace gritar. Que te hace cambiarlo todo a tu alrededor.
La gente cree que “Dios es amor” significa que Dios es amable. Que Dios es tranquilo. Que Dios te da palmadas en el hombro y te calma. Eso es un error. Dios no es amable en el sentido que entiendes. Dios no es tranquilo. Dios es la fuente. Y la fuente no es tranquila. La fuente es explosiva. La fuente enciende. La fuente quema. La fuente da a luz. Y el amor divino es conectarte con esa fuente. Convertirte en parte de esa explosión. Portar la misma energía. Ser la misma luz.
Cuando te conectas con el verdadero amor divino, ocurre algo indescriptible. Tu corazón late con una fuerza sobrenatural. Tu pecho vibra. Una energía fluye desde tu centro. Fluye hacia tus extremidades. Electrifica cada célula de tu cuerpo. Sientes como si estuvieras conectado a una fuente inagotable. Una fuente de amor. Una fuente de poder. Una fuente de luz. Y esto no es solo un sentimiento. Esto es física espiritual real. Tu energía cambia. Tu vibración cambia. Tú completo cambias.
Y lo más asombroso es que este amor no te hace tranquilo. Te hace activo. Te hace creador. Sí, creador. Cuando portas la energía de la fuente, puedes crear. Puedes cambiar la realidad. Puedes atraer lo que deseas. Puedes sanar. Puedes transformar. Puedes crear. Porque te vuelves como la fuente. La fuente crea. Y el amor divino te hace crear. Te hace creador. No solo una criatura.
La gente busca el amor divino en la oración. En el ayuno. En los rituales. En los libros. Lo buscan afuera. Pero no está afuera. El amor divino está dentro de ti. En tu corazón. En tu pecho. En tu centro. Espera a que te conectes con él. Espera a que te entregues a él. Espera a que abras la puerta. Pero la puerta no se abre con palabras. Se abre con el silencio. Con el silencio profundo. Con la entrega total. Cuando cierras los ojos, te acuestas de espaldas y te entregas al silencio, llega. Fluye. Te llena. Y te enciende.
Y este amor no solo te hace amar a los seres humanos. Te hace amar toda la existencia. Amar las piedras. Amar el viento. Amar el agua. Amar la oscuridad. Amar la luz. Amarlo todo. Porque ves a Dios en todo. Ves que todo es parte de la fuente. Y parte de vos. Y amas todo porque te amas a vos mismo. Porque sabes que tú y la existencia sois uno.
Pero este amor no es para todos. No es para los débiles. No es para los que tienen miedo. El amor divino requiere valentía. Requiere que dejes todo. Que dejes tu miedo. Que dejes tu arrepentimiento. Que dejes tu ira. Que dejes todo lo que te pesa. Y que te entregues. Que te entregues a la luz. A la energía. Al amor. A la fuente. Y que le permitas que te consuma. Que te queme. Que te renazca.
Y el renacimiento no es una metáfora. Es una realidad. Cuando el amor divino entra en vos, muere el antiguo tú. Muere el tú temeroso. Muere el tú débil. Muere el tú colgado. Y nace el nuevo tú. El fuerte. El libre. El creador. Y comienza una nueva vida. Una vida que no se parece a lo anterior. Una vida de luz. De amor. De poder. De creación.
No busques el amor divino en el cielo. No lo busques en el libro. No lo busques en la mezquita. Búscalo en tu pecho. En tu corazón. En tu silencio. Y lo encontrarás. Y sabrás. Que todo lo que creías sobre Dios era un error. Y que lo verdadero es más grande. Más poderoso. Más hermoso. Y más cercano de lo que imaginas"