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Hay personas que dicen “te quiero” todos los días. Otras prefieren demostrarlo con un abrazo, preparando un café, haciendo tiempo para escucharte o apareciendo justo cuando las necesitas. ¿Y si todas estuvieran diciendo lo mismo, pero en idiomas diferentes?
Los llamados cinco lenguajes del amor proponen una idea sencilla: no todos sentimos el afecto de la misma manera.
Están las palabras de afirmación, esas que acarician incluso sin tocar: un “te extraño”, un “qué orgulloso estoy de vos”, un mensaje inesperado que puede cambiar el día.
Está el tiempo de calidad, porque amar también significa estar. Sin grandes planes, sin distracciones, simplemente compartir.
Están los actos de servicio: pequeñas acciones que dicen “pensé en vos” sin necesidad de pronunciar una palabra.
También están los regalos, no por su precio, sino por su significado. Una flor, una carta, un libro o cualquier detalle que diga: “Vi esto y me acordé de vos”.
Y está el contacto físico: un abrazo largo, una mano que busca otra, un beso, esa cercanía que muchas veces dice más que cualquier discurso.
Pero quizás lo más interesante sea descubrir que podemos amar de una manera y necesitar recibir amor de otra.
Tal vez por eso algunas historias se sienten confusas: no siempre nos falta amor; a veces simplemente estamos hablando idiomas diferentes.
El sexto lenguaje: amarnos a nosotros mismos
Y hay algo que ninguna relación debería hacernos olvidar: el amor propio.
Porque antes de preguntarnos cómo queremos que alguien nos ame, también podemos preguntarnos cómo estamos aprendiendo a tratarnos a nosotros mismos.
Elegirnos. Cuidarnos. Respetar nuestros límites. Reconocer nuestros sueños. No aceptar menos de lo que necesitamos por miedo a quedarnos solos.
El amor propio no significa cerrarnos al amor de los demás. Al contrario: significa poder compartir nuestra vida desde un lugar de libertad, sin dejar de ser quienes somos para ser elegidos.
Quizás el verdadero aprendizaje sea ese: amar a otro sin abandonarnos a nosotros mismos.
Esta mirada sobre el amor y el descubrimiento de nuestra propia fuerza también atraviesa las páginas de mi libro QUINDI REGINA, una obra nacida para hablarle a esa mujer que alguna vez tuvo miedo, pero decidió volver a encontrarse.
Porque toda mujer puede descubrir su propia corona cuando comprende que no necesita dejar de ser ella misma para ser amada.
QUINDI REGINA es una invitación a mirarnos con otros ojos, a elegirnos y a recordar que la verdadera reina no espera que alguien venga a rescatarla: aprende a reconocerse.
Y quizás, después de conocer los lenguajes del amor, descubramos uno más importante todavía:
el lenguaje de volver a elegirnos.