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Nadie la alcanzaba, nadie la igualaba, pero cada carrera terminaba igual: exhausta, jadeando bajo un mezquite, sin haber llegado a ningún lugar que valiera la pena recordar.
—Corro y corro, pero siempre acabo en el mismo sitio —le confesó un día a una tortuga del desierto que avanzaba, lenta y segura, hacia el oasis.
—¿Y hacia dónde corres? —preguntó ella, sin detenerse.
Veloz se quedó muda. Nunca se lo había planteado. Simplemente corría porque correr era lo único que sabía hacer bien.
Buscó respuestas en el halcón que sobrevolaba las dunas, en el zorrillo que se movía sin prisa entre las rocas, en la codorniz del desierto que apenas volaba y aun así llegaba siempre a donde quería. Ninguna le dio una respuesta que le sirviera, hasta que encontró al viejo berrendo que había cruzado el desierto entero, generación tras generación, siguiendo siempre la misma ruta hacia el agua.
—Yo también fui rápido de joven —dijo el berrendo—, pero de nada sirve la velocidad si no sabes leer el desierto. Yo no corro hacia cualquier lado: sigo el olor del agua, la sombra de las nubes, el instinto que me dice dónde está lo que necesito.
—¿Y si yo no sé qué necesito? —preguntó Veloz, con la voz quebrada por primera vez.
—Entonces detente. Solo un momento. El desierto no premia al que corre más, sino al que sabe leer hacia dónde correr.
Esa noche, Veloz no corrió. Se quedó quieta bajo las estrellas, algo que jamás había hecho, y por primera vez notó el aroma lejano de las flores de saguaro que solo se abrían de noche, el sonido del viento entre las espinas, el brillo de la luna sobre la arena. Cosas que siempre había pasado corriendo, sin verlas.
A la mañana siguiente corrió de nuevo, pero distinto: más despacio, mirando el horizonte, buscando —por primera vez— algo que en verdad quisiera alcanzar. Encontró, al fin, un manantial escondido entre las rocas que ningún otro animal del desierto conocía. No fue la más rápida en llegar. Fue la única que supo hacia dónde ir.
" La velocidad sin dirección solo cansa; a veces el verdadero avance empieza al detenerse a preguntar hacia dónde queremos llegar. "