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Los Colores

Los colores no existen "ahí fuera" como propiedades objetivas de los objetos. Lo que existe son longitudes de onda de luz que nuestros ojos y cerebro interpretan como color. Algunos animales ven en ultravioleta; otros, como los perros, ven en una gama más limitada. El color es una traducción que hace tu sistema nervioso de una realidad física que, en sí misma, es incolora.

Pero hay más: la percepción del color está influida por la cultura, el lenguaje, la emoción. Los esquimales tienen decenas de palabras para el blanco, y por eso ven matices que nosotros no distinguimos. En muchas culturas antiguas, no se distinguía claramente el azul del verde; Homero llamaba al mar "color vino". El color, entonces, es un diálogo entre el mundo y tu mirada, y esa mirada está modelada por todo lo que eres.

En las tradiciones esotéricas, los colores tienen cualidades espirituales. El azul es el color de la trascendencia, de la profundidad, de lo masculino divino en algunas culturas. El rojo es la vitalidad, la sangre, la pasión, pero también el peligro. El violeta es la transmutación, la unión de opuestos (rojo y azul). Los vitrales de las catedrales no usaban colores al azar; cada tonalidad estaba elegida para transmitir una enseñanza, para crear una atmósfera que facilitara ciertos estados de conciencia. La luz coloreada era considerada una forma de gracia visible.

Hay una práctica espiritual simple pero poderosa: prestar atención a los colores como si fuera la primera vez. Salir a la calle y realmente ver el rojo de un semáforo, el verde de una hoja, el gris del asfalto. No nombrarlos, no juzgarlos, simplemente sentirlos como impresiones. El color puede ser una puerta a la meditación. Fíjate en un objeto azul durante un minuto, sin pensar, solo dejando que el azul te impregne. Notarás que el azul tiene una cualidad, una "temperatura" emocional. Esa cualidad no está en el objeto; eres tú quien la proyecta, pero también es real como experiencia.

En el arte, los pintores saben que el color es emoción pura. Un cuadro de Rothko no representa nada; solo es color, y ese color te atraviesa. Lo mismo puede ocurrir con un atardecer, con una pared desconchada, con el reflejo del sol en un charco de aceite. El color es el lenguaje más directo del mundo, anterior a las formas y a las palabras. Aprender a mirarlo es aprender a sentir el mundo sin intermediarios.



Autor:Bianca

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