Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137

Dejar de pedir perdón por existir

Hay personas que se disculpan constantemente. Piden perdón por hablar, por ocupar espacio, por expresar una opinión, por necesitar ayuda, por poner un límite o incluso por sentir una emoción. No siempre lo hacen con palabras. A veces lo hacen con su actitud: encogiéndose, minimizándose, viviendo como si su sola presencia fuera una molestia para los demás. Este cuadragésimo primer acto de individuación consiste en dejar de vivir como si tu existencia necesitara una justificación permanente.

Esta forma de estar en el mundo suele nacer muy temprano. Cuando un niño aprende que recibir amor depende de no incomodar, de no pedir demasiado o de adaptarse continuamente a las expectativas ajenas, comienza a desarrollar una identidad basada en la reducción de sí mismo. Con los años, esa estrategia deja de ser consciente y se convierte en una manera automática de relacionarse con la vida.

El problema es que quien vive pidiendo permiso para existir nunca llega a habitar plenamente su propia realidad. Habla con cautela, desea con culpa, ama con miedo y renuncia a partes esenciales de sí mismo para no alterar el equilibrio de los demás. Poco a poco, la persona termina siendo aceptada por todos… excepto por ella misma.

La individuación rompe lentamente ese antiguo pacto. No invita a convertirse en alguien arrogante o indiferente, sino en alguien que reconoce que su existencia posee un valor intrínseco. No hace falta demostrar constantemente que eres útil para merecer un lugar. No necesitas ser perfecto para tener derecho a expresar una necesidad. No tienes que convertirte en imprescindible para justificar que ocupas un espacio en este mundo.

Cuando esta comprensión comienza a encarnarse, desaparece una tensión silenciosa. El individuo deja de disculparse por cada gesto auténtico y empieza a vivir con una dignidad tranquila. Descubre que puede hablar sin sentirse culpable, descansar sin avergonzarse, decir “no” sin pensar que está traicionando a alguien y expresar quién es sin sentir que debe compensarlo inmediatamente.

Porque el alma nunca pidió permiso para nacer.

Y quizá ha llegado el momento de que tú también dejes de pedir permiso para ser quien eres.



Autor:Editorial

Comentarios

Comentar artículo