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El Día Después

Hay partidos que terminan cuando el árbitro marca el final, pero hay otros que siguen palpitando mucho después del último silbato.

El de ayer fue uno de esos.

En la cancha había una pelota, veintidós jugadores y noventa minutos que parecían interminables...Pero en el corazón de muchos argentinos había mucho más que un partido...Había memoria, había historia, había heridas que el tiempo no termina de cicatrizar.

No sé si está bien mezclar la política con el deporte, tal vez no, quizá el fútbol debería ser solamente fútbol.

 Pero también sé que los pueblos sienten, y los sentimientos rara vez respetan los límites que les imponemos.

Ayer, para muchos, no se trató solamente de ganar una semifinal.

En el aire parecía jugarse algo más profundo, como si cada pase, cada gol y cada atajada llevaran el peso simbólico de una historia que todavía busca respuestas. Como si, por un rato, la pelota también cargara con el nombre de un territorio que sigue habitando nuestra memoria colectiva.

No creo que un partido cambie la historia ni que tampoco devuelve lo perdido, ni resuelva los conflictos.

Pero sí deja al descubierto lo que vive en el alma de un pueblo.

Y ayer quedó claro que hay cosas que, a pesar del tiempo transcurrido, no se borran.

Hoy es el día después.

Bajan las pulsaciones, vuelven las rutinas y cada uno vuelve a sus preocupaciones de todos los días.

Sin embargo, queda una pregunta dando vueltas... ¿qué fue exactamente lo que festejamos o lo que sufrimos? ¿Un resultado deportivo... o la necesidad de sentir, aunque sea por un momento, que la historia nos daba una revancha simbólica?

Tal vez no exista una sola respuesta...

Solo sé que, cuando juega la Argentina, muchas veces no juega solamente un equipo, juega la memoria, juega la identidad y juega esa manera tan nuestra de vivirlo todo con el corazón.

Y eso, nos guste o no, también habla de quiénes somos.



Autor:ALEJANDRA MARISA MASSOLO

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