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El imaginario y la obesidad

El hombre obeso buscaba bajar de peso de forma mágica. Fabio Decart provenía de una familia apoderada económicamente.

Su aburrimiento es comparable a alguien que besa sus labios resecos sin saliva.

Buscó a médicos quienes derivaban a endocrinólogos y éstos a nutricionistas.

Todo sin éxito debido a que Fabio era incapaz de seguir un plan de alimentos y ejercicios.

La falta de metodología se debía a su padre y madre.

Alarcón su padre, hombre francés y ordinario; sólo gritaba y sus gritos a Ana Debot su esposa y madre de Fabio se le dibujaba una sonrisa en la boca de la delgada mujer que hacía y destruía a su forma todo el mundo que re construía a su alrededor.

En verdad a su esposo lo veía como a un ser elemental y fuera de su Francia natal. Lo único que compartía era a su hijo. No deseado por Ana ya que quedó embarazada a los diecinueve años y vio truncada su carrera. Nunca supo qué estudiaría empero alguien y por ende iba a trascender. Olvidaba que todos los somos con luces o sombras y siempre es una mixtura de ambas.

Su imaginario

De esta manera Alarcón se convirtió en un puente entre lo que desea alcanzar; dinero y estatus y su miseria psicológica.

Fabio terminó el colegio secundario con aportes de la curtiembre de su padre…

Desde niño se sintió a menos que otros. Los demás siempre mejores en su mente que su ser sin sentido- según sus padres-

Luego de sus largas travesías de médicos concurrió a un psicólogo. Evaristo De la Pierre. Un hombre de cincuenta años con barba larga. Detrás de una barba siempre se esconde algo-pensó Fabio-.

-          Disculpe señor Fabio Decart; ¿Cuántos kilos está pesando y dígame su edad? - y una mueca de su boca se generó de forma espontánea.

-          Peso ciento treinta kilos y tengo treinta y tres años. Vivo con mis padres. Trabajo con Alarcón.

-          ¿Quién es Alarcón?

-          Mi padre… o algo así; una bestia que grita y mi cabeza da vueltas. Mi madre se sonríe…-

-          Usted ¿qué piensa de ello? -inquirió y sus ojos brillaba como una hiena a punto de cazar a su presa-

-          No me han querido jamás. Mi madre no come.

Es costumbre comer en casa juntos. Ella revuelve la comida en el plato y ve como mi padre traga todo lo que encuentra.

 Él se queja siempre de la comida.

Yo como sin gusto, pero no levanto vista del plato. Tengo siempre sensación de no haber empezado a comer. Es que no se callan…jamás y en extremo un plato de comida es la guerra de las formas de desunión.

 

-          ¿Ha ido a médicos? - un crujir de aleteos y gritos se escuchó. El psicólogo Evaristo tosió.

Existe algo extraño aquí- se dijo Fabio- y s color de piel blanco se tornó colorado. -

-          Doctor: ¿escuchó un aleteo de pájaros? -indagó con miedo. -

-          Lo veré en la próxima sesión a las 18 horas como hoy; pero antes le haré una serie de preguntas y trate de responder sin vacilaciones es un ping pon que servirá para su cura, aunque desde ya le digo que usted es una mesa a la cual le falta una pata y la misma no se puede recrear sino por suplencia. En otros términos, usted es un enfermo crónico que puede mejorar, pero “la cura es imposible”

-          Comienzo con preguntas trate de no pensar sus respuestas:

-          Fabio: ¿a qué edad comenzó a comer sin textura, olores ni preferencias?

-          Desde que mi memoria lo recuerda es un río que con agua estancada permanece en el mismo sitio-

-          ¿Ama a sus padres?

-          Fabio titubeó, rascó su mentón y respondió: ¿Qué es el amor? Acaso es servidumbre, un ogro a quien no se puede cuestionar. Mi madre la fina Señora Ana Debot optó por la guerra fría ante la brutalidad de la “Bestia”; mi padre.

Mi padre Alarcón posee dinero y saliva y se le cae baba cuando sin gusto como yo traga. No creo en el amor ni en el odio. No existe un porvenir ni Tierra donde anclar ni cielo en que creer. Ni lo bueno ni lo malo-

-          ¿A qué le teme? La mirada ya no eran solo los ojos de Evaristo se tornaron en deseo de captar de forma absoluta las palabras de Fabio. En su reminiscencia de niño gordo y una herida narcisista que jamás pudo subsanar tocaba la mente suya a través de la Fabio.

Evaristo tras trágica muerte de sus padres en un accidente automovilístico que fue estudiado por la policía durante años puesto que el auto no tenía pastillas de frenos e iban a una fiesta empresarial.

 Ángel Dupont su padre era abogado y estaba por expandir su buffet con una marca internacional.

Su madre Alicia; bella mujer si existe la belleza se hizo alcohólica y su nostalgia de un narcisismo que en ella era Ego, confundía su yo pasado en donde el valle de Afrodita era su morada y el de Artemisa en guerra con todo aquello que la hería en guerra incluso con los suyos.

Su hijo Evaristo dejó en su vientre una cicatriz por cesárea que debieron hacerlo para salvar su vida y la de su niño.

Ese instante, la vida entera puede transformarse en unos segundos, en la pérdida del sentido de la vida.

Evaristo quiere encontrar solución a problemática de Fabio y al suyo propio…

-          Prosigamos Fabio: ¿Qué sacrificio estaría dispuesto para extraer su mal?

-          Cualesquiera. Deseo no ser como mis padres.

Le pregunto doctor por tercera vez yo escucho ¿aves qué son?

-Su imaginación. No hay aves aquí.

¿Qué es el dolor para usted?

-          No existe Evaristo- disculpe que lo he tuteado- es que siento lo conozco de toda la vida. El dolor es mi existencia miserable. El físico se puede dominar mi mente genera dolor al observar la realidad.

-          No tiene importancia que me tutee. ¿Usted siente que la raíz de sus problemas es la gordura?

-          Es el fantasma que me hace presentarme como indeseable, vulnerable y sin carácter. Sea o no verdad mi obesidad me hace sentir un hombre sin unidad entre mente y cuerpo. -

-          El vacío es necesario para poder llenarse. Empero estar todo el tiempo lleno y aquí subrayo no es solo la comida sino el deseo por vivir-

Déjeme decirle que este tratamiento es costoso y sentirá dolor. Al fin en esta época la belleza es todo. Lo espero mañana a la misma hora y avise en su casa que faltará una semana.

 

Evaristo tras dos horas de entrevista se levantó del lúgubre sillón y acompaño a Fabio hasta la puerta de aquella casa atemporal por su diseño y fusión de lo antiguo con un modernismo extraño de escaleras y cúpula en el living. La misma tenía un vitraux realizado con colores azules y negros en donde estaba dibujada una mariposa que mostraba estar atrapada desde su cabeza.

 La forma de gran precisión, pero estática.

A Fabio también le llamó la atención, pero refirió callar.

Cuando se estrechan las manos Fabio se percató que Evaristo tenía las manos mojadas.

 

Fabio caminó hasta su casa. Su mente era un torbellino y la furia lo dominaba. Veía el parque que debía atravesar con colores irreales.

Todo en blanco negro; dejó de ver colores. De un árbol de incienso colgaba un mono que quiso treparse en sus espaldas. Corrió espantado a su casa.

El olor a comida que preparaba Ana se sentía desde la esquina. Se sientan como de costumbre alrededor de la mesa.

Un cerdo dorado con mostaza con clavos de olor adornado con futas y color verde de albaca, una gigante ensalada con quesos, manzanas, tréboles, hojas de rosas, apio y rodajas de limones hacían de los sentidos una fiesta. Papas doradas y perfectas en tamaño, color y sabor y allí estaba Alarcón en la punta de la mesa.

-          Has faltado a la curtiembre: ello no es de hombre- sentenció Alarcón-

-          Sabías padre que hoy debía asistir al psicólogo-

-          Supongo ya estarás curado- dijo de forma burlona el padre del dolor-

-          No seas así interrumpe Ana; empecemos a comer.

-          Fabio tomó de trozo de cerdo con sus manos y de sus labios chorreaba grasas, se podía ver hasta su estómago el proceso de masticación, deglución y lo mismo hiso con toda la comida cerrando los ojos mientras tragaba.

El espanto de Ana y esta vez de Alarcón se parecían a una alucinación.

- ¡Qué les ocurre! No les agrada mi forma de comer. Su boca estaba llena de cerdo y esputaba pedazos de alimentos.

Pasó su mano por su cabello llenándolo de aceite. Se levantó de la silla y vociferó: - “Busco paz y si es necesario los mataré a ambos”

Mañana me voy una semana.

Otra posibilidad es que los descuelle a ambos.

 



Autor:Jorgelina Rodríguez Liñán.

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