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Cómo entender que alguien se aleje, abandone o desaparezca de una relación alegando precisamente miedo al abandono. A primera vista parece contradictorio, incluso incoherente. Si teme ser abandonada, ¿por qué es ella quien se va? Y desde fuera puede sentirse como una excusa, una forma cobarde de evitar el conflicto o de desaparecer sin asumir el costo emocional del cierre.
Sin embargo, aunque a veces pueda haber evitación, manipulación o falta de responsabilidad afectiva, también es cierto que este tipo de conducta tiene una lógica psíquica reconocible. Para muchas personas, el miedo al abandono no se expresa solo como necesidad de aferrarse. A veces se expresa exactamente al revés: como necesidad de irse antes de quedar expuestas a ser dejadas.
Esto ocurre porque no todas las personas responden al miedo relacional acercándose. Algunas responden tomando distancia, retirándose, cortando antes de que el vínculo llegue a un punto donde pueda activarse una herida más profunda. No se alejan porque no les importe, sino porque el nivel de amenaza emocional que activa la intimidad se vuelve difícil de sostener.
Desde fuera, esto suele sentirse como contradicción. Desde dentro, muchas veces se vive como defensa. La lógica inconsciente no es “me voy porque no siento”, sino “me voy antes de sentir lo que no sé sostener si esto se rompe”. En ese sentido, abandonar puede convertirse en una forma paradójica de intentar no ser abandonado. Si me voy primero, al menos no quedo en el lugar de quien espera, necesita o es dejado.
Esto no vuelve el acto menos doloroso para quien lo recibe. Que una conducta tenga lógica interna no la vuelve menos hiriente. Ser dejado sin claridad, sin cierre o con explicaciones ambiguas produce confusión real y deja una herida difícil de procesar. Comprender la defensa del otro no obliga a justificar el modo en que dañó.
Y este punto es importante: que alguien actúe desde una herida no significa que actúe de forma inocua. Muchas personas abandonan desde el miedo, sí, pero el hecho de que haya miedo no elimina la responsabilidad sobre cómo se vinculan, cómo se retiran y qué dejan en el otro.
Por eso ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Puede ser real que alguien tema profundamente al abandono. Y también puede ser real que use ese miedo para evitar la vulnerabilidad, retirarse sin elaborar y dejar al otro sosteniendo solo el impacto de un vínculo que no se cerró.
La pregunta entonces no es solo si es creíble. Sí, puede serlo. La pregunta más importante es si ese miedo estaba siendo trabajado o simplemente actuado. Porque una herida reconocida puede explicar una conducta. Pero una herida no elaborada, cuando se actúa sin responsabilidad, también puede convertirse en una forma de dañar.
Muchas veces no se trata de que la persona mienta cuando dice que teme al abandono. Lo que ocurre es que no sabe vincularse sin que ese miedo termine organizando la retirada. Y cuando eso pasa, no desaparece por falta de emoción. Desaparece porque no sabe sostener lo que siente sin activar defensa.
Entender esto puede dar sentido. Pero dar sentido no siempre da cierre. Y a veces una de las partes más difíciles no es entender por qué el otro se fue, sino aceptar que alguien puede sentir miedo real, querer de forma limitada y aun así no tener la capacidad emocional para quedarse de una manera que no destruya el vínculo.