Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
Cuando algo te controla emocionalmente, ya no lo posees.
Lo que sucede es más duro: te ha poseído a ti
El apego no siempre grita.
A veces se disfraza de amor, de costumbre, de “esto siempre fue así”.
Se instala lento, cómodo, casi invisible… hasta que empieza a decidir por ti.
Tus reacciones, tus silencios, tus miedos y cuando te das cuenta, ya no actúas desde la elección, sino desde la necesidad.
Personas, recuerdos, estatus o dinero no son el problema en sí.
El problema nace cuando tu paz depende de que permanezcan intactos.
Ahí el equilibrio se rompe. Porque todo lo externo es inestable, y quien ata su estabilidad a lo inestable vive en tensión constante.
Eso no es seguridad; es esclavitud emocional.
El apego siempre cobra intereses.
Cobra tiempo, energía, dignidad.
Te hace negociar principios para no perder, aceptar menos para no quedarte solo, callar verdades para sostener una imagen.
Y poco a poco, sin darte cuenta, empiezas a vivir a la defensiva, cuidando aquello que crees que te sostiene, cuando en realidad te limita.
El verdadero dominio no consiste en acumular ni en retener, sino en **poder soltar sin romperte**.
El guerrero no es el que nunca se apega, sino el que no permite que nada externo gobierne su centro.
Amar sin poseer.
Recordar sin vivir atrapado. Prosperar sin arrodillarse ante el estatus.
La libertad interior comienza el día que entiendes esto:
Nada que te controle merece ser llamado tuyo**.
Y cuando recuperas ese control, no pierdes…
Recuperas tu lugar.
Lo sé, porque lo he vivido durante años.
Quiero transmitir esa sabiduría ganada con cicatrices, la paz conquistada, el poder silencioso, u invitaros a dejar de reaccionar y empezar a habitarse.
Deseo que sientan un espacio seguro para quien busca crecer sin frases vacías de motivación barata.