Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
Hay personas que siguen funcionando, trabajando, cuidando, respondiendo, cumpliendo… y sin embargo sienten que algo dentro de ellas dejó de vivir hace tiempo. No están necesariamente destruidas hacia afuera. Muchas veces incluso parecen fuertes, responsables o “resilientes”. Pero internamente viven en un estado permanente de supervivencia.
Y sobrevivir no es lo mismo que vivir.
La supervivencia psíquica aparece cuando una persona ha pasado demasiado tiempo sosteniendo dolor, alerta, exigencia o desamparo sin suficiente descanso emocional. El sistema aprende entonces a priorizar una sola tarea: seguir. No sentir plenamente, no entregarse demasiado, no bajar del todo la guardia. Solo seguir funcionando.
El problema es que el cuerpo y la psique pagan un precio por ese estado prolongado. Poco a poco desaparece la espontaneidad, el deseo se apaga, el entusiasmo se vuelve lejano, el descanso no alcanza y hasta el placer puede empezar a sentirse extraño o culpable. La persona ya no vive orientada por lo que ama o desea, sino por lo que necesita sostener para no derrumbarse.
Muchas veces esto ocurre después de años de trauma silencioso: vínculos donde hubo que resistir más que descansar, familias donde hubo que madurar demasiado pronto, relaciones donde se aprendió a vivir en hipervigilancia, experiencias de abandono, violencia, traición o responsabilidad excesiva. El sistema se acostumbra tanto a sostener que incluso cuando el peligro termina, el cuerpo no sabe regresar del todo.
Entonces aparece una sensación muy particular: agotamiento profundo mezclado con dificultad para detenerse. Como si una parte quisiera desaparecer y otra siguiera obligándose a continuar.
Desde afuera suele interpretarse como depresión, apatía o falta de motivación. Pero muchas veces lo que hay es un organismo exhausto de sobrevivirse a sí mismo.
Y algo importante: sobrevivir durante mucho tiempo puede hacer que una persona olvide quién era fuera del esfuerzo. Porque cuando toda la energía psíquica se destina a resistir, ya no queda espacio suficiente para explorar, jugar, crear, confiar o simplemente descansar sin culpa.
La salida de este estado no suele comenzar con grandes cambios externos. Comienza cuando la persona deja de exigirse volver a ser “productiva” de inmediato y empieza a reconocer cuánto tiempo lleva viviendo como si la vida fuera solo una emergencia que atravesar.
Porque a veces el primer acto de verdadera recuperación no es volver a rendir. Es comprender que el cuerpo no se apagó por debilidad, sino porque estuvo demasiado tiempo intentando sostener lo que nadie debería sostener solo.