Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
A lo largo de estos últimos años me eh encontrado con muchas personas, con algunas han surgido charlas superficiales, con otras un simple y común saludo y con una minoría, nacieron esas que yo llamo CONVERSACIONES DE VERDAD. Son esa pláticas profundas en donde hablas desde lo más íntimo de tu ser sintiendo la absoluta libertad de decir realmente lo que vivís o pensas sin la absurda necesidad de buscar sinónimos para no espantar al oyente o no sentirte avergonzado de vos mismo. Esos “ida y vuelta” donde el tiempo pareciera detenerse y es porque estás tan a gusto hablando y escuchando que no estás repasando mentalmente todos tus próximos quehaceres. Es ese instante que se torna un regalo para la construcción de una bonita relación y no solo de pareja, sino de amistad o también familiar. La importancia de escuchar al otro desde su propio individualismo y no desde lo que yo interpreto acorde a mis vivencias. La mirada a los ojos es fundamental aunque a veces creas que es un mero detalle insignificante y no pasa nada si no se hace, total estoy escuchando, grave error que se comete a menudo. En fin, esas son para mí el tipo de conversaciones que celebro y con esas minorías me encuentro muchas veces hablando de temas que, a mi parecer, son transversales a la humanidad y uno de ellos es LA MUERTE. Hablar de la muerte no parece ser un tema muy atractivo, es más, varias veces se evita y se re direcciona el dialogo y ¿eso por qué? En mi humilde opinión creo que es porque desconocemos que hay más allá, no tenemos certezas solo suposiciones de una vida en total paz o el famoso túnel, el cielo y el infirmo según la creencia de cada quien. Por eso hoy quiero que vos y yo hablemos de esto.
Tenía 34 años, cursaba el segundo mes de un embarazo que desconocía. El miércoles, luego de un par de dolores abdominales pensé en hacerme una prueba de embarazo la cual, para mi sorpresa, dio positivo. Sinceramente no me agrado la noticia, para ese entonces ya tenían mis dos hijos más dos embarazos perdidos y por los cuales había sufrido mucho física y emocionalmente así que las dos líneas rosadas no eran para mí un motivo de festejo. Intente continuar con mi trabajo pero me fue imposible ya que no podía hacer mucha fuerza por el riesgo a otra perdida. Por supuesto lo dejé. El día viernes viví un episodio bastante confuso a nivel físico, de la nada un fuerte dolor y segundos después me encontraba empapada como si hubiese salido de la ducha. El domingo por la mañana recuerdo mirar al cielo y decirle a Dios QUIERO UNA VIDA MEJOR. No era una queja ya que tenía una vida a gusto pero yo bien sabía que no era para nada la vida soñada. Luego de casi 2 horas los dolores crecieron tanto que ya no podía respirar ni caminar y nuevamente apareció el sudor pero esta vez hasta mi pelo quedo mojado. Fui trasladada a urgencia y cuando me realizan los controles notan que tenía un embarazo ectópico. Mi ovario estaba destruido y se provoco una hemorragia interna que mantuvo mi abdomen inflamado por casi tres días. La trompa donde quedo alojado el bebe tenía el tamaño de una pelota de tenis. Los dolores y sudores se debían a la presión que la sangre ejercía en mis órganos y que mi corazón de alguna manera resistía. Me dicen el procedimiento que se realiza en estos casos y me piden que no hable ya que solo me quedaba 35 minutos de oxígeno en mis pulmones. Recuerdo pensar YO NO VOY A MORIR CALLADA Y MUCHO MENOS LLORANDO así que me puse a cantarle a mi Dios hasta que me llevaron a quirófano. Mientras la enfermera empujaba mi silla de ruedas recuerdo el frio que sentía en ese pasillo y lo sola que creí que estaba, pensé en mis hijos que habían quedado en mi casa esperando a su mamá y en que mi paso por este plano no había sido muy bonito. Antes de la anestesia solo le dije a Dios SI MUERO, CUIDA A MIS HIJOS Y AHORA NOS VEMOS Y SI DESPIERTO DECIME PARA QUE Y LO VOY HACER. Y así fue, cuando desperté de la anestesia recibí un wapp muy específico de una amiga que parecía haber oído mi oración. En ese mensaje me decía lo que tenía que hacer y cómo. Y realmente fue así.
Pasaron 5 años de ese episodio de MI ENCUENTRO CON LA MUERTE. No puedo decir que vi la luz o ángeles o que escuche trompetas porque estaría mintiendo. Lo que sí puedo decir es que nada fue igual. Hoy estoy viviendo la vida que soñé, mi entorno ES ELEGIDO, mis relaciones SON ELEGIDAS, mi carrara FUE ELEGIDA y cada paso que doy o que no doy también ES ELEGIDO. Creo absolutamente que esa experiencia me cambio por completo, ya no soy una víctima de la deriva ni de las decisiones de los demás. No me quedo donde no quiero y no hago lo que no quiero. Aprendí a decir NO sin sentir culpa y a permitirme un BASTA cuando lo creo necesario.
Retomando el principio de este texto, por supuesto que mis conversaciones cambiaron, ahora me escucho hablando del respeto por la otra persona, valido cada gesto y aprecio el tiempo que otro me comparte. Celebro los pequeños pasos de avance ajenos y personales y aunque te suene extraño encontré que pasar momentos de soledad es una riqueza que se aprende a disfrutar cuando te aprendes a valorar.
Querido lector, es cierto que la vida es un momento pero no cualquier momento Es TU MOMENTO, viví consiente, píntalo de tu color favorito, ponele el perfume que más te guste y el sonido que quieras pero por sobre todo AGRADECE y que todo sea una construcción elegida.