Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
Hay procesos que no llegan envueltos en paz, sino en incomodidad.
Aprendizajes que no se anuncian con alegría, sino con pérdida, silencio, confusión y una profunda sensación de no saber quién eres ni hacia dónde vas.
Y aunque la mente quiera salir corriendo, resolverlo todo de inmediato o volver a lo conocido, el alma sabe que ciertos caminos solo pueden recorrerse despacio.
Cuesta soltar lo que por años llamaste identidad. Duele mirar heridas que evitaste durante tanto tiempo.
Cuesta aceptar que muchas de tus luchas nacieron de ideas falsas sobre ti mismo.
Y duele descubrir que algunas estructuras que defendías con fuerza eran, en realidad, prisiones construidas por miedo.
Pero nada de eso significa que estés retrocediendo. Muchas veces, lo que sientes como derrumbe es el inicio de una reconstrucción más verdadera.
Date el tiempo.
No para quedarte atrapado en el dolor, sino para comprenderlo.
No para justificar el sufrimiento, sino para escuchar lo que viene a mostrarte.
No para exigirte sanar rápido, sino para permitir que cada capa caiga cuando esté lista.
La flor no se abre por presión.
El amanecer no llega por prisa.
Todo en la existencia tiene un ritmo, y tu transformación también.
Habrá días en los que sentirás cansancio, nostalgia o incertidumbre.
Habrá momentos en los que querrás respuestas inmediatas.
Respira.
Lo profundo rara vez ocurre de golpe.
La consciencia se expande en pequeños actos de honestidad, en decisiones silenciosas, en lágrimas comprendidas, en pasos humildes que nadie ve.
Honra tu proceso aunque no sea perfecto.
Agradece incluso aquello que hoy no entiendes.
Lo que ahora cuesta y duele, mañana puede convertirse en la raíz de tu sabiduría, en la puerta de tu libertad y en la prueba de que eras más fuerte, más amplio y más luminoso de lo que imaginabas.
Date el tiempo.
Porque no te estás perdiendo.
Te estas encontrando.