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Laureano Di Paolo vivía en un edificio en calle Córdoba 798.
Sus características inusuales lo hacían especial.
Ojos penetrantes y claros, cabellos ondulados que le caían debajo de los hombros. Claro es 2026 y no es usual encontrarse con un hombre de cincuenta años que tenga el cuerpo de bronce y marcada cada fibra. Es Argentina, Rosario, Santa Fe.
Laureano quedó viudo en la depresión acaecida a finales de año del 2023.
No tuvo hijos con Hélida Mantón debido a que formaron familia en edad no reproductiva.
Hélida solía ir a la plaza 25 de mayo justo en frente de su departamento. Se sentaba en un banco bajo los álamos por muchos minutos. Las hojas de los árboles en ese verano febrero del 2023 se le hacían túneles aéreos y ella subía desde sus cabellos negros de azabaches hasta la rama más fina y alta. Desde allí veía la ecléctica Catedral_ única en Rosario con sus huellas romanas e invasiones de varios pueblos.
Los pájaros éxodo de Europa eran palomas y ella estaba rodeadas de aves que caían lastimadas.
Todas las tardes iba a la plaza excepto los fines de semana a llevarles maíz.
Los fines de semana se levantaba y despacio salía de la cama antes que Laureano despertase, pero él la veía desde los ventanales. Corría apenas las cortinas y observaba con una sonrisa los cabellos de Hélida volar tras las palomas.
Laureano se arropaba y la esperaba para que Hélida no supiese su secreto.
Hélida en 2023 fue atacada por unos delincuentes cerca de su trabajo. Ejercía de azafata.
Su último vuelo fue el 8490 desde Miami a Rosario.
Jamás le dijo a Laureano que sintió dolor en el pecho y las ventanillas del avión se le hicieron como películas sus pesadillas pasadas.
Caminaba por los corredores del avión con destino a Fisherton, con su cuerpo ágil y a pesar de los tacos y falda ajustada sus pasos eran firmes y a la vez parecía levitar.
Allí en una ventanilla vio un gran reloj antiguo de bronce y ribetes en oro blanco con un tictac persistente que ensordecía.
Escuchó la voz de un hombre que le dijo:
_Hélida usted es de otra Tierra y sus días están contados_
_ ¿Quién me habla? _ hay sólo un reloj_
_Soy el hacedor de la vida_ una voz grave le replicó.
En la segunda ventanilla descubrió a un hombre que se le hacía familiar pero no lograba quizás por su capa negra y esos bigotes con firulete de hace dos siglos descifrar.
No mires así y se tomó de una parte del borde de la ventanilla vengo del pasado y su voz ya era un eco.
Lo vio irse en lo oscuro de la noche; pero escuchaba su voz que cimbraba: _ Hélida; no camines a tu casa…
Hélida: _ Atención a todos los pasajeros ajusten sus cinturones estamos por aterrizar a nuestro destino. Esperamos hayan disfrutado de su viaje 8490-
Bajó del avión junto a la tripulación y allí se despidió.
El copiloto comandante de avión había estado en la guerra de Pakistán.
Precisar una es un imposible, pueblo sojuzgado por la guerra y la hambruna para muchos menos para las élites.
Hombre tosco, aunque cuidadoso de modales el comandante Sergio Abdúl. Tenía el cuero cabelludo rapado y de espaldas muy anchas, voz ronca y amigo de casi nada ni nadie le ofreció a Hélida llevarla a su departamento.
_No gracias, a propósito, jamás le he mencionado que vivo en un departamento_ dijo Hélida.
_Supongo lo habré escuchado_ y una mueca que quería ser sonrisa esgrimió.
Hélida sentía palpitaciones y su corazón latía de forma disrítmica.
Tomó un taxi y se dirigió a su apartamento hacía dos años vivía con Leandro.
Él la esperaba en el portal, pero esa noche decidió darle la sorpresa de cocinarle puesto que era algo que Hélida detestaba y compraban en rotiserías.
La plaza era un disturbio por la manifestación de los robots. Desde finales del 2024 se reemplazaron los hombres por robots y estos hacían casi todo.
Un problema en la programación tras gobierno interviniente los hizo apoderarse de todas las actividades hasta entonces humanas y deliberadamente fueron pensadas sus creadores.
Algo o alguien le tapó la cabeza a Hélida cuando bajó del taxi.
Hélida intentó gritar y su voz quedó sin sonido: el grito mudo.
La violación fue tan brutal como las de pájaros amputados de alas.
Cayó en las hojas de la plaza y pidió morir.
No tenía lágrimas sino inercia a la nada o al todo que es la nada.
Laureano se alarmó por las horas que pasaban tan lentamente para él.
El tiempo es subjetivo dependiendo de lo que uno espera del mismo. El tiempo no existe.
La encontró en la catedral de Rosario a cincuenta metros de su departamento.
Las ropas de Hélida estaban rasgadas y sus ojos rojos.
No habló nunca más.
Laureano Di Paolo por vídeo que llegó a grabar Hélida en su móvil, buscó y encontró fácilmente a su agresor Sergio Abdúl.
Le dio muerte eterna para cualquier ser finito.
Fue un crimen doloroso.
Lo ató en una silla del siglo pasado.
Colocó una máquina realizada por un robot que emitía electricidad 220 w.
Programó dio voltios de electricidad en sus escrotos.
Ello durante noventa días.
Hélida iba a la habitación oscura que estaba solo para huéspedes donde estuvo encerrado haciéndole una marca con navaja en su rostro cada día. Noventa cortes pequeños pero profundos.
Le mostraba foto de la luna ella es la luna sin poder en Rosario.
Mojaba sus labios con agua y aplicaba pentotal (la droga de la verdad que se usaba en todas las milicias para que el sujeto capturado dijera la verdad.
Claro la misma se impregna de la imaginación o sea está sesgada.
El ex agente pakistaní habló de su madre. La misma fue secuestrada y siempre supuso que el secuestro lo hizo su padre.
_ ¿Por qué violaste a Hélida? _ increpó Laureano
_Ella se parece al proto tipo de muñeca que se mueve como serpiente y es inocente; así era mi madre_
Pasaron muchas lunas Hélida iba todos los días a la catedral de Rosario, allí encontraba su refugio.
Fue construida en 1970 y su eclecticismo la hacía volver a España del 1800. Gaudí a través de sus seguidores y el cristo muerto.
Baldosas negras para pecadores y blancas para aquellos que están eximidos de pecados.
Símbolos Hécate hija de la luna era Hélida encarnada.
De la luna tras esta su lucha titánica aprendió a ser madre de las brujas.
En la catedral se desplazaba como bailarina y ya no había muerte o vida. Se quedaba horas viendo a los hombres perros de la catedral y las ruedas que según ella era el cruce de camino en el que se encontraba.
La tarde del veinte de julio volvió directamente a ver a Sergio Abdul.
Sacó de su cartera su navaja, Sergio transpiraba frío del miedo y se orinó encima.
_ Le voy a confesar un secreto, aunque es obviedad, hablo, desde que los ángeles me dicen que debo hacer. Y hoy me dijeron no lo corte más, sino que termine con esto_
_ ¿Qué harás? En verdad lo siento, jamás quise hacerte algo. En una fracción de segundos sentí todo el desprecio que me han realizado desde que nací. La guerra en Pakistán y la guerra en mis seres que uno a uno perdí desde niño. A los quince años de edad estaba yo enlistado en el ejército_
_O sea yo pagué el odio de su existencia. Debería quitarle el odio, pero sería una transmisión directa y apaciguante del que siento por usted, o vos como quieras.
Me dijo ayer la luna que lo castre para enviarlo al infierno donde yo soy su ama.
En ese instante se iba desfigurando el rostro de Hélida en tres cabezas que adquirieron tres cuerpos. La joven y bella Hélida, una anciana y una mujer madura.
Los rayos de la luna se colaban por el ventanal que a la derecha daban a la Catedral. Se sintieron aullidos de perros y Sergio quedó mutilado. Su muerte duró seis horas donde la Catedral quedó a oscuras.
El lloró y olía la sangre que emanaba de su cuerpo entremezclada con la esencia a jazmín de Hélida perdida en Hécate.
A la mañana siguiente entra Laureano.
Encuentra a ambos muertes y escrito en plateado “la mujer está con la Diosa Hécate”-1y usted jamás ha existido en ella.
Hécate ha sido considerada una diosa griega de tres cabezas con gran poder. Última de los titanes que realizó proezas y debió ir al haberno (infierno) para morar.