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Las mujeres con padres ausentes a menudo se convierten en mendigas por amor, seguridad y protección.
Es desgarradora la espera a que su amor sea devuelto, esperando finalmente sentirse elegidas, protegidas y vistas.
Llevan un dolor silencioso, una herida invisible que les dice .... "Tal vez si doy más se quede"... "Tal vez si soy lo suficientemente buena me amará".
Esa voz no viene de quienes son hoy, sino de la pequeña niña que seguía mirando por la ventana esperando a quien nunca llegó.
Su amor se convierte en una moneda de cambio,
Intercambian afecto, lealtad e incluso sus propios límites sólo para sentirse sostenidas.
Se dan de más, se disculpan de más, con la esperanza de que un día alguien finalmente elija quedarse sin condiciones.
La ausencia de un padre no solo deja un vacío físico, creas vacías emocionales que las mujeres a menudo tratan de llenar con parejas, amigos, o incluso extraños.
Pero lo que falta no es sólo una persona, es la creencia temprana de que no son dignas de amor sin tener que ganárselo.
A menudo se vuelven hiper-independientes diciendo que no necesitan a nadie.
Pero detrás de esa fuerza está el agotamiento de llevar su propio dolor, de fingir que está "Bien", de sobrevivir en un mundo que nunca le enseñó a recibir.
Cuando finalmente conoce el amor, puede que no sepa cómo confiar en él.
Su sistema nervioso no reconoce la consistencia.
Se siente extraña, Incluso insegura.
Ella podría alejarlo antes de que tenga la oportunidad de sostenerla.
Esta mujer no está rota, ella es alguien a quien se le ha pedido que sea madre de ella misma antes de ser verdaderamente madre.
Ella es alguien que ha construido un corazón de cicatrices y silencio.
La curación para ella no viene de encontrar la pareja perfecta, viene de encontrarse a sí misma, de conocer a la niña que hay dentro y decirle: "Ya no tienes que rogar más, eres suficiente.”
Cuando una mujer con un padre ausente comienza a reclamar su valor, deja de actuar por amor y comienza a atraerlo desde un lugar de verdad.
Su curación no es solo de ella, se convierte en una onda que toca a cada generación después de ella.
Y tal vez por primera vez, finalmente respire profundamente, no porque alguien se quedó, sino porque dejó de abandonarse.
Si perteneces a esta historia, conoce que la curación es posible.
Yo lo he vivido tal cual, pero todo a cambiado, en el momento que llegó quien supo llegar a mi alma, quien supo aceptarme con mis sombras y mis luces, quien se ha quedado sin miedo, amándome desde la Paz, permitiendo que sea yo misma sin exigencias.