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Esa Mujer

Una mujer que paga sus propias cuentas, que mantiene un techo sobre su cabeza y que asume sus responsabilidades sin depender de nadie, no le teme a la soledad.

Dejemos algo claro: ella no está esperando que alguien llegue a “rescatarla”.

Ella misma es su salvadora. Se levanta aún cansada, encuentra la manera de avanzar cuando la vida pesa, enfrenta problemas, toma decisiones, cuida de su hogar, de sus hijos si los tiene, y sobre todo, de sí misma… con ayuda o sin ella.

No necesita un hombre.

Lo desea.

Y esa diferencia lo cambia todo.

Cuando una mujer aprende a sostenerse sola, cuando descubre cómo crear PAZ, estabilidad y seguridad sin depender de nadie, deja de tolerar faltas de respeto solo para no estar sola.

No ignora las señales de alarma para presumir compañía, no se reduce para evitar conflictos, ni se aferra a lo que la destruye solo por miedo al vacío.

Estar sola no la asusta, lo que realmente teme es perder su PAZ, su dignidad y el valor que tanto le costó reconocer.

Ha pasado por demasiado como para conformarse ahora.

Sabe la fuerza que tiene, conoce el esfuerzo que le tomó convertirse en la mujer que es hoy, y no retrocederá por alguien incapaz de estar a su altura.

No es amarga, ni fría, ni “demasiado independiente”.

Es sabia, sólida, consciente. Y por eso no entrega su energía a relaciones que le exijan renunciar a sí misma.

Ella esperará un amor que sume, no que reste.

Un amor que la apoye, que la impulse y que esté a su mismo nivel.

Y mientras ese amor llega, está bien.

Completamente bien. Entera, plena, sin pedir disculpas por ello.

Porque cuando una mujer se sabe cuidar en todos los sentidos, entiende que no necesita el amor para sobrevivir… lo elige, únicamente, cuando de verdad vale la alegría.



Autor:Eva

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