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Juntos es Mejor

Nos vendieron bastante bien eso de que hay que aprender a estar solos, y si...es cierto.

Hay que aprender que tenemos que poder cerrar la puerta y no sentir que la falta de ruido es un castigo...

Deberíamos saber prepararnos un café para nosotros solos,sentarnos frente a nuestra propia vida y bancarnos la conversación... tendríamos que aprender a caminar sin andar buscando desesperadamente otros pasos, y aprender a resolver, a decidir, a caernos sin tener que convocar una comisión de rescate ,

a pasar un domingo sin convertirlo en el velorio de nuestra vida social...

Aprender a estar solos...

Pero tampoco exageremos che! porque de tanto repetir “yo puedo solo”, a veces terminamos levantando muros donde solamente hacía falta poner una puerta.

Y sí.Podemos solos.

Podemos cargar nuestras propias bolsas, nuestras historias, nuestras heridas y las costras de las cicatrices, hasta a algún muerto que todavía guardamos en el placard.

Podemos atravesar tormentas... secarnos las lágrimas con la manga y tragarnos los mocos con una inhalacion exagerada y seguir como si nada, porque somos especialistas en el no pasa nada, mientras por dentro se nos esta incendiando media casa.

Pero juntos ...juntos es mejor.

Y no porque necesitemos que alguien venga a salvarnos, a esta altura ya deberíamos saber que los príncipes azules destiñen, las cenicientas se revelan, los salvadores también necesitan ser salvados y las medias naranjas terminan bastante rápido exprimidas.

No.

Hablo de otra cosa, hablo de compañía.

De esa que no invade, que no exige, que no

pregunta cada cinco minutos qué te pasa y

simplemente acerca una silla y se queda.

Puede ser una amiga, un amigo, un hermano,

un hijo, un compañero de ruta.

Alguien con quien compartir un mate, una sobremesa, un viaje, una carcajada o uno de esos silencios donde, curiosamente, se dice todo.

Porque hay dolores que no desaparecen cuando se cuentan, pero dejan de pesar tanto , y problemas que nadie puede resolver por nosotros, pero se vuelven un poco menos monstruosos cuando alguien se sienta enfrente y dice ...Bueno… vamos a ver cómo salimos de esta.

Pero no hablemos sólo de penas!!! También las alegrías necesitan testigos.

Porque uno puede celebrar solo, claro, podemos descorchar una botella, poner música, bailar en la cocina y brindar frente al espejo, pero cuando alguien que nos quiere se alegra de verdad por nosotros, la felicidad hace otra cosa, se ensancha...es como si necesitara otro corazón para terminar de suceder.

Quizás el error fue hacernos creer que solamente existían dos posibilidades, la de

depender de alguien o no necesitar a nadie.

Y en el medio quedó olvidado lo más hermoso...elegirnos.

Yo puedo sin vos y vos podés sin mí.

Ninguno viene a completar la mitad que le falta al otro y justamente por eso podemos encontrarnos desde otro lugar.

No desde la necesidad, desde las ganas.

Qué diferencia!!!

No te necesito para caminar, pero me gusta que camines conmigo...no necesito que cargues mi mochila, pero si un día pesa demasiado, quizás puedas agarrarla un rato y, cuando la tuya pese, te presto mis hombros para cargarla por un tramo...

Eso también es amor y no necesariamente amor de pareja.Es amor del bueno.

Del que circula, que no lleva contabilidad,que no pregunta quién dio más, del que sabe que algunas veces toca sostener y otras dejarse sostener.

Porque tampoco hay ninguna medalla al final de la vida para quien pudo con todo solo y

nadie nos va a entregar un diploma por haber llorado a escondidas, resuelto cada problema sin pedir ayuda y atravesado todos los inviernos sin acercarnos a ningún fuego.

Podemos hacerlo? Claro que podemos...

Pero qué manía tenemos a veces de convertir la fortaleza en una condena.

Así que aprendamos a estar solos, a disfrutarnos, a elegirnos, a no mendigar compañías, y cuando aparezcan esos vínculos que hacen bien, cuidémoslos, hagamosle lugar, acerquemos otra silla,

cebemos otro mate...

Porque hay caminos que uno puede recorrer solo,pero cuando al lado camina alguien con quien podemos ser nosotros mismos, reírnos fuerte, llorar sin vergüenza y hasta mandar un rato todo al carajo… te cambia el mundo.

Solos podemos.

Pero juntos,cuando el alma encuentra donde descansar...es mucho mejor.

 



Autor:ALEJANDRA MARISA MASSOLO

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