Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
La vida parece convertirse en un aluvión que nos cubre por completo.
Nos desmorona, nos quiebra, nos deja en un hoyo profundo donde todo es silencio y oscuridad. Y allí, en ese fondo donde creímos haber sido enterrados, nos reconocimos semillas.
Lloramos.
Gritamos.
Nos sentimos rot@s.
No veíamos salida alguna.
Pero en esa tierra húmeda por nuestras propias lágrimas, comenzó el milagro invisible. Descubrimos la voluntad dormida, el coraje que no sabíamos que habitaba en nosotros, la fuerza espiritual que sostiene cuando todo tiembla. Sentimos el amor de quienes caminan a nuestro lado… y, sobre todo, descubrimos el sagrado Amor Propio, esa raíz que nunca nos abandona.
Desde ese lugar empezamos a regarnos.
Cada pequeño paso se volvió una gota sobre la tierra árida.
Cada decisión consciente fue agua viva.
Cada acto de fe, un rayo de sol atravesando la oscuridad.
Muchos ya están creciendo.
Algunos apenas sienten romper la cáscara y asomar su primera hojita.
Algunos contemplan sus primeras florecitas con asombro.
Y otros ya comienzan a saborear frutos que un día parecían imposibles.
Y aun así, sabemos que perderemos hojas…
Que algunas caerán para volver a la raíz, para nutrir lo nuevo.
Porque así es la naturaleza. Así es el alma.
Respetamos cada proceso.
Honramos cada ritmo.
Comprendemos que no hay prisa en lo sagrado.
No nos enterraron…
Nos sembraron.
Y somos nosotros quienes elegimos regarnos cada día, con cada pensamiento, con cada acción, con cada decisión consciente.
Somos tierra fértil cuando elegimos paz.
Somos jardín cuando elegimos amor.