Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
En la ilusión de niños el corazón no nos advierte
que habrá capítulos de vida que serán disidentes,
que habrá historias que parecerán no tener sentido,
que el mundo nos dejará desconcertados y hasta, a veces, heridos.
Cuando hacemos nuestra cartita a Papá Noel,
cuando jugamos con nuestra Barbie y nuestro Ken,
cuando inventamos historias de lo que queremos ser
no estamos sabiendo que el mundo gira en otro nivel.
Y llega el día en que, casi sin darnos cuenta,
adoptamos a ese maravilloso sueño,
esa imagen que, de adultos, nos motiva y nos complica un poquito el andar.
Creemos que será fácil, pero la vida nos demuestra que eso,
exactamente eso que más queremos,
parece ser lo más difícil de alcanzar.
Nos aferramos y aprendemos a soltar,
a soltar personas, situaciones, expectativas,
a soltar ideas de cómo pensamos que sería la vida.
Aprendemos que el príncipe azul es de otro tono de azul,
que el zapatito a Cenicienta no le quedaba tan a medida,
que nosotros no somos tan perfectos como nuestro ser nos lo decía
y que todos estamos aprendiendo más o menos las mismas lecciones de vida.
Aprendemos que los caminos no son tan directos,
que, en la adultez, también existe el miedo.
Aprendemos de ansiedad, de ceder,
y que quien gana no es siempre quien llega primero.
Aprendemos sobre el amor y sus diferentes formas,
y vemos cómo más se engrandece
lo que más se valora.
Aprendemos a construir realidades,
a poner énfasis en cosas particulares,
a valorar momentos,
a decir “lo siento”.
Y es así que vamos juntando partecitas
que nos llevan escalones más arriba
de lo que estaba ese niño, valiente y temeroso,
que pensaba que sin ESO su vida no sería vida.
Y nos vamos más arriba hasta sentir que sí podemos,
que este adulto puede ser feliz aún sin ESO,
sin ese sueño de niño;
que es ese el desafío.
Y es que ese es el desafío:
Poder ser felices AÚN SIN ESO.
Quizás llegue o quizás no,
pero si hay algo que tenemos es el hoy,
es la vida, es el amor y alegría que en cada uno habita,
y es todo eso que de adultos aprendimos a ver
que de niño nadie lo veía.
Y quizás sí llegue (no hay por qué dejar de buscarlo ni dejar de creer), pero es que pienso que ese es el desafío: Aprender que si no llega ese amor, si no formas esa familia, si no consigues ese trabajo, si esa persona no te quiere, si no bajas o subes esos kilos, si no haces ese viaje, también puedes ser feliz.
Por: Natalia Giovanna Chilio