Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
Antes de que el mundo aprendiera el lenguaje, quizá fue la música la que enseñó al alma cómo doler.
Y en algún lugar entre la memoria y el mito,
Euterpe todavía camina..
descalza por bosques de plegarias olvidadas, llevando una flauta tallada del propio anhelo.
No para entretener al corazón, sino para despertar aquello que pasa vidas enteras intentando enterrar.
La primera nota me alcanzó como el destino.
No la escuché..
la recordé.
Como si mi espíritu hubiera pertenecido alguna vez a esa antigua melodía antes de quedar atrapado dentro de un cuerpo humano.
Y de pronto, todos los amores inconclusos, todos los silencios dejados entre dos personas, todas las manos soltadas demasiado pronto, se alzaron dentro de mí como pájaros heridos regresando a casa.
Su música no curaba.
No…
volvía sagrado el dolor.
Entonces comprendí que el amor nunca fue creado para salvarnos de la soledad.
Fue creado para volver luminosa la soledad.
Para colocar otra alma junto a la nuestra durante un instante tembloroso y así contemplar la eternidad a través de ojos mortales. Y quizá por eso el anhelo duele con tanta belleza..
porque el corazón reconoce lo que el mundo no puede conservar.
Incluso ahora, cuando la noche se profundiza y la memoria abre sus puertas ocultas, la imagino bajo las estrellas, tocando suavemente para todos aquellos que han amado más allá de la razón, más allá de la distancia, más allá del tiempo mismo.
Y cada nota que respira dentro de la oscuridad se convierte en otra alma humana aprendiendo que algunos amores nunca se van del todo; simplemente se transforman en música demasiado infinita para que el silencio pueda contenerla…