Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137

EL ARTE DE OLVIDAR

Hay recuerdos que no necesitan una despedida, ni explicaciones, ni siquiera una última mirada. Simplemente necesitan dejar de ocupar un lugar en nuestros pensamientos.

"La mejor manera de matar un recuerdo en el corazón es dejarlo morir lentamente en la mente, sin nombrarlo ni buscarlo".

Hay momentos en la vida en los que comprendemos que olvidar también es una forma de sanar. No porque aquello que vivimos haya dejado de tener importancia, ni porque las personas que alguna vez ocuparon un lugar especial en nuestra historia merezcan ser borradas, sino porque llega un momento en que seguir recordando duele más que aceptar que algunas cosas ya no volverán.

Nos enseñaron que para olvidar hay que romper fotografías, borrar mensajes, cerrar puertas de golpe o alejarnos de todo aquello que nos recuerde el pasado. Pero quizás el verdadero olvido no tenga tanto que ver con los gestos dramáticos, sino con una decisión mucho más silenciosa: dejar de alimentar aquello que ya no tiene lugar en nuestro presente.

Porque un recuerdo permanece vivo mientras lo buscamos, mientras pronunciamos un nombre, mientras regresamos una y otra vez a las mismas conversaciones, mientras imaginamos lo que pudo haber sido y nunca fue. Lo mantenemos respirando con nuestra nostalgia, con las preguntas sin respuestas y con esa costumbre tan humana de regresar mentalmente a lugares donde alguna vez fuimos felices.

Pero también podemos elegir otro camino.

Podemos dejar de buscar, dejar de preguntar, dejar de esperar una señal. Podemos permitir que el silencio haga su trabajo y que el tiempo vaya quitándole protagonismo a aquello que alguna vez ocupó todos nuestros pensamientos.

No se trata de negar lo vivido. Sería injusto con nuestra propia historia. Se trata de comprender que no todo lo que fue importante está destinado a permanecer para siempre en nuestra vida.

Hay personas que llegan para enseñarnos, otras para acompañarnos durante un tramo del camino y algunas que, aunque deseamos que se queden, terminan tomando otro rumbo. Y está bien. No todos los vínculos tienen un destino eterno.

El corazón también necesita descansar. Necesita dejar de buscar respuestas donde ya no existen preguntas que valgan la pena. Necesita comprender que la ausencia no siempre se supera encontrando explicaciones, sino aprendiendo a vivir sin ellas.

Quizás el olvido definitivo no consista en borrar un rostro de la memoria, sino en llegar a ese día en que recordarlo ya no nos duela, en que su nombre no nos detenga, en que una canción no nos devuelva al pasado y en que podamos mirar hacia adelante sin sentir que dejamos una parte de nuestra vida detrás.

Porque sanar no significa que nunca más vamos a recordar. Significa que el recuerdo ya no tendrá poder sobre nosotros.

Y tal vez esa sea una de las mayores libertades que podemos alcanzar: dejar de vivir emocionalmente atados a lo que fue, aceptar lo que no pudo ser y recuperar las ganas de abrazar todo lo que todavía puede llegar.

A veces, olvidar no es perder a alguien por segunda vez. Es, finalmente, volver a encontrarnos con nosotros mismos.



Autor:Editorial

Comentarios

Comentar artículo