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La crueldad en el Perverso

Silencio expansivo de un eclipse sin sol que todo lo llaga en la luna mágica, embustera sin transición,

hechicera de besos sin ganas en albas de perros que aúllan a la soledad en la sábanas del amor a la locura, enredadera de tus piernas entre las mías Humedad-

Silencio y grito – Calla me digo- hombre de labios que muerde en su lengua su propio vacío la voracidad de tu tiempo perdido.

Silencio cuando quiero sexo y declamas romance inmortal a promesas que se me esfuman en mi cigarrillo dañino para tu salud, tantas mentiras comulgadas cara a cara entre nosotros a sabiendas que ellas por piedad son hipocresías de la cobardía.

Loco de tu esclavitud entre la necesidad mundana que te atrapa, el querer doméstico que es Poseidón sin posesión de Thor- ego exiliado, de Amanda fusionada en Artemisa y Afrodita bella poesía en tu morada panteísta te exhorta en mí que apenas existo:

Antes que puertas prefiero ventanas (Mi ley) qué caminos insípidos sinuosos pasadizos al misterio que gustos conocidos a mi saliva el renacer anhelante de texturas del placer, tacto sin roce o sin fricción que mendigue armazón a lo que no es unidad.

Qué olores: el Uno el que me hechiza la piel

Palabras… sin sonidos taxativamente el que me transporta.

-Calla hombre. Te repito por segunda vez.

Amor ¿amor quieres escuchar? Mi boca se sella mi consciencia replica:

–Calla Hambre- por tercera vez.

Elijo libertad incondicional, deseo perpetuo a quien desee.

Loco eres sin saber que la posesión no es mi reinado.

Mendiga y con sed de todo antes que satisfecha de la irrealidad rosa de la mujer del pasado.

Repta, pulula, vuela, vuela, vuela lejos, salta, gime, grita, muerde, come, mata, muere.

Retorna si aprehendes en el desierto de exigencias carentes a las sensaciones deshazte de mis de lirios que son pasiones (envolventes cápsulas de la cópula) en luciérnagas acromas y nada me importa más que el hoy.

Buenos aires tan bella… el loco que eres me enamora sin promesas.

No quemes mi carne. Congelas mi alma y ya no eres.

Calla hombre y son cuatro- como los vientos

Loco que amas tú reflejo en mí que soy tu espejo.

Otra vez soy pequeña. Veo entre brumas a esa mujer que teme.

Es una proyección mía en varios años, al menos medio siglo.

La mujer que soy yo se me acerca y me abraza con la ternura de una madre.

Una bola de fuego atraviesa el cielo y mi padre me cala desde los cielos hasta el subterráneo de las cuevas. La mujer posee raíces en sus pies y me adentro a la Tierra.

Son raíces que se cablean en diferentes anastomosis de mis pensamientos, pasados, presentes y futuros.

Allí reina el ígneo volcán del ser.

Soy tan grande que me hago flexible al compás de los vientos. Un junco en el río con vistas al cielo. Desde aquí el deseo es estar conmigo.

La crueldad no es permisible en mi imperturbable yo. 



Autor: Jorgelina E Rodriguez.

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