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Desde que estoy escribiendo para la Revista Argentina Mundo Warmi Mujer Latina muchas personas me han preguntado sobre la Depresión y la Ansiedad; además me han visto como un apoyo para cada uno de sus casos. Sin embargo, hay algo que me preguntan bastante y vale la pena resaltarlo: La diferencia entre Tristeza y Depresión.
En primer lugar, “la tristeza es una emoción que todos experimentan, a menudo después de eventos estresantes o perturbadores de la vida. Mientras que la depresión es un trastorno de salud mental abrumador y continuo que puede impactar drásticamente en la vida diaria”. Es muy importante aclarar su significado porque hay quienes confunden estas sensaciones y tienden a decir que padecen una “depresión”, sin ir más a fondo del tema.
De acuerdo a estudios de profesionales, existen 6 diferencias que pueden aclarar estos términos, identificando si estamos frente a una persona triste o frente a alguien que padece un trastorno depresivo.
Por distintas causas y razones, la persona que manifiesta depresión posee síntomas de tristeza, apatía, desesperanza, angustia, miedo e insomnio. Por tal motivo, la tristeza está dentro de la depresión, es una de sus facetas. Las personas que sufren un cuadro depresivo están en una situación crónica que acarrea malestar y desesperanza. Para que sea identificada la depresión, la persona debe tener estos síntomas por lo menos durante seis meses.
La tristeza es un estado habitual y no es indicador de un trastorno mental. Es una reacción natural del ser humano, ante algo que lo ha herido o por diversas circunstancias. Llorar es normal en este proceso, sentir malestar por algunos días y no es algo que sea preocupante. “Podemos estar tristes cuando perdemos a un familiar o a un amigo cercano, podemos sentir tristeza cuando se nos trunca un plan e incluso podemos sentirnos así sin motivo aparente, tal vez por un cambio hormonal o porque nos hemos levantado con un estado de ánimo bajo”.
“La serotonina es una sustancia química que el cuerpo produce de forma natural. Es necesaria para que las células nerviosas y el cerebro funcionen”.
Esta sustancia, por ejemplo, se produce en menor medida en las personas que padecen un cuadro depresivo, lo que influye en los procesos mentales. Mientras que una persona triste, no experimenta cambios radicales, ni duraderos en sus dinámicas de activación cerebral.
Afecta a las personas con depresión, dejándolas total o parcialmente incapacitadas para enfrentarse a su vida diaria. Se les dificulta trabajar, salir a comprar o gestionar responsabilidades. Generalmente, la persona que sufre de depresión piensa o siente que no hay nada por lo cual valga la pena moverse, ni vivir, por tal motivo, actúan en consecuencia con este pensar. No hay motivación para lo más básico como, por ejemplo: bañarse, peinarse, comer, salir a la calle, etc.
Esto no es algo que suceda porque la persona lo desea, simplemente estas manifestaciones son causadas por el deterioro del sistema nervioso e inmunológico. Este cuadro se puede presentar en personas tristes, sin embargo, en personas que padecen depresión dura semanas, meses o años.
Vale la pena mencionar que la tristeza prolongada puede conducir a un caso de depresión, por tal motivo es necesario estar alerta. Esto se debe a que la persona puede ir deteriorándose poco a poco sin hallar una salida. Esto se puede notar en la incapacidad de realizar sus tareas cotidianas, en el llanto constante, en el aislamiento y en la dificultad para el manejo de sus emociones.
Aquí podríamos decir que por cuestión de tiempo una persona triste se podría volver depresiva. Sin embargo, una persona triste sabe el motivo, mientras que una persona depresiva no tiene certeza o conocimiento de la situación que causa el malestar.
Como leíste anteriormente la tristeza es común y pasajera, por lo tanto, pasará por un periodo corto y no requerirá ayuda profesional. Sin embargo, la depresión si es un trastorno serio que necesita ser tratado, pues afecta la calidad de vida de la persona. Un diagnóstico oportuno y certero ayudará a que el paciente recupere su bienestar psicológico, sin recaídas. Actualmente no hay cura para este trastorno, pero las investigaciones no se detienen.