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El activismo adolescente

Paso mucho tiempo en mi vida tratando de dominar el poder de las palabras, de muchas maneras diferentes. Primero porque soy escritora, y decidí que quería serlo la primera vez que alguien lloró leyendo algo que yo había escrito. Me di cuenta de que las palabras construyen empatía, y, si las usamos sabiamente, nos acercan. Además, soy bilingüe, y estoy siempre navegando entre el inglés y el castellano para encontrar las palabras exactas que definen lo que pienso.

Hay otro motivo por el cual las palabras forman parte de mi vida últimamente, desde que alguna gente empezó a referirse a mí como activista adolescente. Básicamente esto significa que muchas veces hablo o escribo sobre temas que incomodan a algunas personas; por ejemplo "las mujeres somos personas que merecemos respeto", "destruir nuestro planeta es una idea bastante tonta si queremos sobrevivir como humanidad", o "el hecho de que una persona no tenga tu mismo color de piel no hace más probable que sea un criminal".

Aquellxs que intentan silenciarnos, tanto a mí como a mis pares, también usan las palabras como armas; pretenden empequeñecernos y menospreciarnos. Pero creo que lo hacen porque nos tienen miedo, porque lxs jóvenes armados con el poder de las palabras podemos ser una fuerza imparable de cambio.

Las palabras son un arma mucho más poderosa de lo que solemos pensar. Son lo que empuja cada movimiento, lo que enciende la chispa dentro de cada unx de nosotrxs para inspirar nuestras acciones en el día a día.

Tener palabras para nombrar las cosas nos permite entenderlas. Lo nombro, con lo cual existe. Con lo cual lo veo, y puedo decirte a vos que lo veo. Cuando tenés palabras para nombrar algo, o cuando estas están fuera de tu alcance porque son tabú en tu entorno o porque no te las enseñaron, las cosas que estas palabras nombran parecen no existir tampoco.

Esto nos quita la posibilidad de compartirlas y analizarlas, y podemos terminar creyendo que lo que sentimos o vimos no es real, o no es importante, o solamente nos pasa a nosotrxs. Entonces, cuando lo que querés nombrar es 'crisis climática' o 'racismo sistémico' o 'abuso de poder' o 'machismo', dar nombre se convierte en un acto de resistencia.

Por eso las palabras tienen tanto poder. Y me encantaría reimaginar un mundo en el que lo sepamos y lo usemos más. Tenemos suerte de vivir en un momento en el que el acceso a la escritura y la educación es más democrático que nunca. Gracias a las redes sociales, todos tenemos una plataforma que podemos usar para escribir y hablar sobre lo que pensamos.

Puede ser difícil dar el primer paso (después de todo, ¿no debería tu feed de Instagram verse prolijo y perfecto?) y muchxs pensamos que a nadie le va a importar. Pero con eso cuentan lxs que prefieren que no hablemos. Hacer que lxs jóvenes creamos que nuestras voces no importan es un mecanismo de defensa ante los cambios increíbles que nuestras voces sí pueden provocar cuando decidimos usarlas.

Entonces usémoslas. El mejor consejo que puedo darle a quienes quieran ser activistas pero no sepan por dónde empezar es que lean y escriban todo lo que puedan. Edúquense. Aprovechen a todxs lxs creadorxs que están compartiendo contenido importante con el mundo; contenido que habla de sus propias experiencias de opresión, y del mundo que ellxs quieren reimaginar. Y después, compartan sus propias visiones. Les prometo que hay gente que quiere escucharlas, gente a la que le va a hacer muy bien.

Cuanto más diversas sean las voces que escuchamos, más diversas van a ser las soluciones que encontremos a los problemas. Pueden hacer que las personas a su alrededor sientan que sus voces también importan, y juntxs pueden generar cambios.

Gran parte de desacreditar a estas voces diversas tiene que ver con el mensaje de que es mejor la opresión en silencio que una lucha por la justicia que es inconveniente. Pero precisamente por eso es tan importante tener esas conversaciones incómodas sobre los cambios: Quedarse calladx para evitar una pelea no termina con el conflicto. Simplemente lo esconde, y quienes son oprimidxs sufren sin hacer escándalo mientras lxs testigos valoran más la ilusión de armonía que el bienestar genuino de las personas.

Así que si alguien en tu familia hace un comentario machista o racista, llamale la atención. Si un amigx utiliza insultos que son homofóbicos o capacitistas, no te quedes calladx solo para mantener la paz. Incluso si es un chiste. Especialmente si es un chiste. Como dije antes, las palabras tienen un poder enorme, y hay sistemas enteros de opresión y discriminación construidos sobre una base de cosas que parecen triviales como chistes, comentarios feos o generalizaciones.

Casi nunca es fácil enfrentarse a quienes queremos, sobre todo cuando sentimos que hablar nos puede perjudicar socialmente o cuando, en el caso de lxs adultxs, nos dicen que somos ignorantes. Pero hay que recordar que las palabras casi nunca son solo palabras, sino que hablan de patrones discriminatorios mucho más complejos. Estos comentarios no son una cosa abstracta, separada de las acciones y las creencias de la gente. Son un reflejo directo de la manera en la que tratamos a otrxs, y la forma en que nos paramos frente a estas situaciones muestra nuestro sentido de la moral en acción.

Tenemos que preguntarnos: qué clase de personas queremos ser? Cómo queremos sentirnos cuando leamos sobre esto en los libros? La historia no la escriben quienes eligen la ilusión de la comodidad, sino quienes están dispuestxs a hacer cosas difíciles por lo que creen que es justo.



Autor:Editorial

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