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Los diamantes naturales están formados de átomos de carbono que se cristalizan en las profundidades de la tierra a altas temperaturas y presiones, del cual estos procesos suelen tardar millones de años en formarse. Los diamantes suelen ser extraídos en yacimientos naturales en la tierra o también se los puede encontrar en los lechos de los ríos donde han sido transportados por el agua desde su lugar de origen. Las características del diamante están basadas en su corte, color, claridad y quilates y en algunos casos suelen poseer certificación de laboratorios prestigiosos.
Los diamantes al igual que las mujeres son únicos y poseen cualidades como su brillo y originalidad. Al mismo tiempo que un diamante tiene que soportar las altas temperaturas para poder cristalizarse y formarse como un diamante, las mujeres también enfrentan fuertemente los obstáculos y adversidades que la vida puede presentarles. Desde la naturaleza les ha sido otorgado el don de poder ser madre del cual es una vocación admirable y al mismo tiempo bastante ardua y laboriosa que en muchos casos no somos conscientes de su gran esfuerzo y dedicación a esta vocación que cada madre se entrega. Todos estos dones divinos naturales que posee la mujer al poder llevar un hijo en su vientre, luchar por construir un hogar sano junto su pareja o no, renunciar en algunos casos sus sueños por entregarse a su familia, siempre ha sido signo de mucha lucha para dar lo mejor de ellas mismas y eso es digno de admiración y respeto total.
Durante muchos años en mi vida profesional como joyera, diseñadora de joyas y gemóloga, me he dado cuenta de que un diamante es apreciado por personas que tienen el conocimiento de su valor, y en muchos casos a veces adquirimos un diamante y no conocemos el por qué es caro y lo vuelve único. En muchas ocasiones la mujer comete el mismo error de no conocerse a sí misma y saber cuál es su valor o en los peores de los casos olvida cuánto vale, dejándose abandonar fácilmente tanto ella, como sus aspiraciones y objetivos o simplemente se rodea de personas que no saben valorar ciertas virtudes que cada mujer tiene, virtudes que la hacen única y especial como cada diamante natural. Por eso es muy importante no poner nuestra felicidad en manos de nadie, y mucho menos en quien no sabe “valorar un diamante”, si no procurar en toda medida posible rodearnos de un entorno que encienda nuestra luz propia o ser la luz para hacer brillar a otra. La mejor manera de brillar fuerte es valorarnos nosotras mismas, ser auténticas, aumenta nuestro amor propio, ser luz para otras personas.
Recuerden que ningún diamante se suele montar en metales no preciosos como el acero o latón, si no que casi siempre se montaran los diamantes en metales de gran valor como el oro o platino, así mismo, quien sea su círculo asegúrense de que sea metales preciosos que las haga brillar más.
Modelos: Sandra Chico y Marilina Sanchís
Fotos : Dani Cano