Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
Dejar atrás una relación que nos hace daño, no solamente el hecho de romperla, si no el desprendernos emocionalmente después de esa ruptura, es una batalla casi titánica.
Yo sé (porque también lo he pasado) que, ante el dolor, el enojo y la frustración queremos obtener una solución inmediata.
Después de todo, es entendible.
Es tal la disonancia interna, entre nuestra lógica (“Estar con esta persona me hace mal”) y nuestro apego tóxico (“pero extraño tanto y no puedo de dejar de pensar en él/ella”) que cada hora, cada minuto de cada día puede transformarse en una lenta y enloquecedora tortura.
El problema es que no soltamos cuando queremos, soltamos CUANDO PODEMOS.
Eso significa que no sólo debemos dejar pasar el tiempo (aunque siempre ayuda), si no que debemos abocarnos a un trabajo interno profundo para llegar a la raíz de porqué elegimos entrar y mantener una relación que nos daña tanto.
Nadie sostiene un apego tóxico por casualidad.
Por eso, si no trabajamos en nosotros, si no hacemos el duelo correspondiente, si no dejamos que la vida nos enseñe lo que debemos aprender de estas circunstancias, estamos condenados a repetir, una y otra vez, hasta que logremos alzar la bandera blanca y comencemos a explorar nuestra verdad.
No es sólo cuestión de soltar y olvidar para que deje de doler, la tarea aquí es encontrarle la punta al ovillo de nuestras heridas del pasado, para desenrollarlo, y tejer con él una nueva forma de amar.
Qué significa hacer ese trabajo interno?
Explorar las dolorosas experiencias que nos formaron (abandono, rechazo, necesidades infantiles no cubiertas)
Dejar ir la ilusión de que puedes cambiar a alguien a fuerza de cariño, demandas, dando ilimitadamente o simplemente sentándonos a esperar
Crear límites sanos y respetarlos.
Aprender a no dejar de lado tu vida para complacer a los demás.
Asumir responsabilidad por tu parte en la historia, entendiendo cómo ayudas a co-crear dinámicas tóxicas.
Atender tus heridas no sanadas del pasado, posiblemente de tu infancia, aquellas que siguen sangrando incluso cuando intentas negarlas o evitarlas.
Nutrir a tu niña/o interior, convirtiéndote en el adulto que necesitabas al crecer.
Responder a tus propias necesidades emocionales y ejercer autocompasión (tratarte a ti misma como tratarías a alguien que quieres mucho).
No te desanimes si no logras soltar emocionalmente en el momento que te lo propongas, como ya ves, hay mucho que hacer, mucho por construir, mucho camino por andar.
La buena noticia es que, si hacemos el trabajo adecuado, la “montaña rusa” de las emociones se vuelve, eventualmente, menos brusca y más leve, hasta que un día nos deja de controlar.
La misma tormenta que nos destruye, nos da la posibilidad de reconstruirnos, de reencontrarnos, de vivir las relaciones con nosotros mismos y con los demás desde otro lugar.
No te rindas.
Tú más que nadie mereces tu propio esfuerzo, constancia, tu paciencia, tu tenacidad.
Nadie más que tú puede dar los pasos necesarios para seguir adelante y crear esa maravillosa vida que hasta ahora ni te has atrevido a soñar.