Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137

Reconocer una Envida sin Justificarla

La envidia es una de las emociones más negadas, más ocultas bajo máscaras de indiferencia, crítica o superioridad moral. Y sin embargo, allí donde aparece la envidia, hay un fragmento del alma que señala una posibilidad no vivida.

Este decimonoveno acto de individuación consiste en admitir la envidia sin disfrazarla ni moralizarla.

No decir: “eso es superficial” o “yo no lo quiero realmente”, cuando en lo profundo algo sí lo desea. Tampoco convertirla en ataque hacia el otro. Sino detenerse y reconocer con crudeza y sin juicio: “Esto que veo en el otro despierta algo en mí.”

La envidia, cuando se reprime, se vuelve veneno. Pero cuando se reconoce conscientemente, se transforma en orientación. Indica un potencial no integrado, una dirección de desarrollo, una cualidad que el yo aún no se ha permitido encarnar.

Tal vez envidias la libertad de alguien porque tú has vivido en exceso de control.

Tal vez envidias su expresión porque has reprimido tu voz.

Tal vez envidias su camino porque aún no has asumido el tuyo.

En este sentido, la envidia no es un pecado del alma, sino un símbolo mal comprendido.

Pero cuidado: este acto exige una gran integridad. Es fácil reconocer la envidia y luego justificarla o proyectarla. Lo difícil —y transformador— es sostenerla en la conciencia, sin actuarla ni negarla, hasta que revele su contenido oculto.

Entonces, lo que era sombra se convierte en brújula.

Y el otro deja de ser un rival… para convertirse en un espejo.



Autor:EDITORIAL

Comentarios

Comentar artículo