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Se requiere energía para que el cuerpo cumpla sus diversas funciones, que incluyen respiración, construcción, digestión, movimiento o cognición. Es importante conocer la producción de energía, cómo evitar la fatiga o las intervenciones necesarias de estilo de vida para apoyar niveles óptimos de la misma.
Lo primero que debemos tener en cuenta son los tres macronutrientes presentes en los alimentos: carbohidratos, proteínas y lípidos.
Durante el proceso digestivo, estas moléculas complejas se descomponen en otras más pequeñas para su absorción. El cuerpo utiliza enzimas para descomponer las proteínas en aminoácidos, polisacáridos (azúcares complejos) en azúcares simples y lípidos (grasas) en ácidos grasos y glicerol.
Nuestras células usan glucosa, un azúcar simple, para producir energía a través de un proceso conocido como respiración celular aeróbica. La producción de energía se basa en las mitocondrias, denominadas “potencias” del cuerpo, que se encuentran dentro de las células del cuerpo. Las mitocondrias están involucradas en la señalización intracelular y el metabolismo de aminoácidos, carbohidratos, lípidos y esteroides.
La respiración celular comienza cuando la glucosa ingresa al citosol de la célula e involucra una serie de reacciones:
El ATP producido en las mitocondrias permite la redistribución de la energía utilizada en toda la célula, apoyando sus funciones específicas. El complejo conjunto de reacciones descritas anteriormente requiere el aporte de diversos nutrientes utilizados como cofactores en las reacciones. Algunos de ellos:
La fatiga se caracteriza por sentimientos abrumadores de cansancio que no se resuelven con un sueño reparador. La investigación sugiere que no se puede identificar una causa en aproximadamente un tercio de los casos de fatiga.
Sin embargo, se han sugerido varias causas de bajos niveles de energía, muchas de ellas tienen relación con la disfunción mitocondrial. Ciertos factores del estilo de vida pueden afectar la integridad y la función de sus mitocondrias, como los antibióticos y otros medicamentos, el estrés crónico, las toxinas ambientales, la hiperglucemia y los trastornos del sueño.
La disfunción mitocondrial se puede caracterizar de varias maneras:
Cuando se produce daño o disfunción mitocondrial, el resultado es una disminución de la producción de ATP y una mayor producción de especies reactivas de oxígeno (ROS). Un exceso de ROS aumenta el estrés oxidativo en el cuerpo, que se asocia con ciertas afecciones, como fatiga, envejecimiento, aterosclerosis, cáncer, diabetes y neurodegeneración.
Además, la inflamación crónica puede contribuir o agravar la fatiga. Los investigadores han identificado niveles más altos de compuestos proinflamatorios en individuos con fatiga, incluida la proteína C reactiva (PCR), el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y la interleucina-6 (IL-6).
El apoyo energético puede implicar reducir la inflamación y mejorar el estado antioxidante en el cuerpo. Para lograr una modificación en el estilo de vida deberíamos incorporar alimentos saludables que aporten energía, suplementos dietéticos, actividad física regular o minimizar la exposición a toxinas ambientales.
Varios patrones dietéticos pueden beneficiar a las personas con fatiga, incluida la dieta antiinflamatoria y la dieta mediterránea. Un estudio en supervivientes de cáncer de mama encontró que las personas no fatigadas consumieron dietas con mayores propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que las fatigadas. Esto condujo al desarrollo de la dieta para la reducción de la fatiga (FRD): un patrón de alimentación rico en pescado, granos enteros y frutas y verduras.
Un ensayo controlado posterior examinó los efectos de seguir el FRD durante tres meses, lo que se asoció con una disminución de los niveles sanguíneos de ácidos grasos saturados, así como un aumento de los niveles de carotenoides y omega-3 en el grupo de la dieta. También se observaron mejoras en la fatiga y la calidad del sueño en el grupo FRD1.
La siguiente tabla resume los alimentos que se pueden disfrutar y los que se han de limitar para ayudar a mejorar los niveles de energía:

Los suplementos dietéticos pueden apoyar la función mitocondrial y la producción de energía de varias maneras. Algunos suplementos proporcionan nutrientes utilizados para la fosforilación oxidativa, reducir el estrés oxidativo, alentar la generación de nuevas mitocondrias y reparar las membranas celulares dañadas que pueden estar interrumpiendo la transferencia de electrones.
Varias vitaminas y otros nutrientes pueden ser beneficiosos para el cansancio físico y mental por su papel en la producción de energía:
Se ha demostrado que el ejercicio induce la biogénesis de las mitocondrias. Un panel de investigación designado por la Sociedad de Medicina Mitocondrial recomienda realizar ejercicios de resistencia, que pueden aumentar la actividad de las enzimas mitocondriales en los músculos4. Algunos de los ejercicios de resistencia incluyen: subir escaleras, andar en bicicleta, bailar, correr, nadar y caminar.
Para las personas con enfermedad mitocondrial, una combinación de ejercicio de resistencia progresiva puede ser beneficiosa4. Los ejercicios de resistencia pueden incluir levantamiento de pesas, entrenamiento con bandas de resistencia y ejercicios de peso corporal.
Se han establecido muchos factores ambientales como toxinas mitocondriales. Estas toxinas inducen estrés oxidativo mitocondrial, que puede estar asociado con un mayor riesgo de afecciones neurodegenerativas, como Alzheimer y Parkinson. Las toxinas ambientales asociadas con la disfunción mitocondrial incluyen pesticidas y metales pesados.
Se ha de minimizar la exposición a los pesticidas eligiendo alimentos orgánicos tanto como sea posible. Para ello se han de lavar cuidadosamente los productos y evitar el uso de pesticidas en el jardín. Instalando un filtro de agua puedes ayudar a eliminar los metales pesados que se encuentran comúnmente en el grifo.
También es aconsejable usar productos de cuidado personal y del hogar que sean seguros para la salud y el medio ambiente.