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Semillas de Sabiduría.

Nadie tiene la vida completamente resuelta, ni en esta existencia ni en las que vendrán.

Porque la vida no se mide por los años del cuerpo, sino por la profundidad de las lecciones del alma.

Cada encarnación es un capítulo sagrado del libro eterno del espíritu, una oportunidad bendita para aprender, reparar, amar y evolucionar.

Somos viajeros de la eternidad, recogiendo en cada paso los frutos dulces y amargos de nuestras propias siembras.

Cambiamos de ideas porque el alma, al contacto con la luz del conocimiento, se expande.

Cambiamos de caminos porque el Gran Arquitecto del Universo, esa Inteligencia Suprema que rige todas las cosas nos conduce silenciosamente hacia las experiencias que nos harán comprender, aunque al principio no entendamos el porqué de los acontecimientos.

Nada se pierde. Nada sucede al azar.

Cada pérdida, cada demora, cada aparente injusticia es una semilla que germinará a su tiempo en el jardín del espíritu.

A veces el alma necesita la noche del dolor para descubrir la aurora del entendimiento.

Perdemos lo que creíamos esencial para encontrar lo que el espíritu realmente anhela: el crecimiento interior, la humildad serena, la comprensión profunda del amor.

Hay quienes descubren el amor verdadero después de los cincuenta, quienes hallan su misión cuando creían haberla perdido, quienes se reinventan en el ocaso de una etapa, porque la vida instrumento divino del Gran Arquitecto del Universo, no cesa jamás de ofrecernos nuevos desafíos y nuevas oportunidades para renacer.

La existencia no es una línea recta: es una espiral ascendente, una escuela de infinitas lecciones.

Cada caída, cada cambio, cada sorpresa es una página más en el libro espiritual que todos escribimos con nuestros actos, pensamientos y sentimientos.

Nada es castigo; todo es enseñanza.

Nada es casual; todo tiene propósito.

Y nada se detiene; todo evoluciona.

El sentido más profundo de la existencia es comprender que nunca llegamos a estar “listos”, porque el alma está en constante aprendizaje, siempre llamada a nuevas experiencias, nuevos amores, nuevas verdades.

Lo que existe es el vivir consciente, el aprender con amor, el caer con humildad, el levantarse con fe, y el continuar caminando con esperanza.

Saber que cada paso, por pequeño que parezca, nos acerca un poco más a la perfección que el Gran Arquitecto del Universo nos invita a alcanzar.

Así, cada vida es una oración en movimiento, cada gesto un acto de siembra, cada dolor una oportunidad de despertar, y cada reencuentro, una promesa de amor cumplida a través del tiempo.

La vida es la escuela del alma, y cada existencia, una lección divina en el camino hacia la luz."



Autor:Adina

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