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En 1948, después de uno de los períodos más oscuros de la historia, el mundo dio un paso decisivo. Con la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, las Naciones Unidas establecieron, por primera vez, un conjunto de valores comunes para toda la humanidad. Aunque la Declaración no es jurídicamente vinculante, su adopción por todos los países del mundo le otorgó una fuerza incomparable: el reconocimiento de que todas las personas nacen con la misma dignidad y merecen respeto, sin importar quiénes sean, de donde vengan o cómo vivan.
Ese principio —simple y profundo a la vez— afirma que nadie puede ser discriminado por su nacionalidad, lugar de residencia, género, origen étnico, color, religión, idioma o cualquier otra condición. Es una promesa hecha a cada ser humano.
De los valores a las obligaciones
Con el paso del tiempo, esa promesa se transformó en compromisos concretos. Las Naciones Unidas aprobaron tratados internacionales de derechos humanos jurídicamente vinculantes, que convirtieron los ideales en obligaciones reales para los Estados que decidieron asumirlos. Entre ellos se encuentra la Convención sobre los Derechos del Niño, una de las expresiones más claras de la voluntad global de proteger a quienes más lo necesitan.
Estos tratados no solo establecen derechos: también crean mecanismos para exigir responsabilidades cuando los gobiernos fallan en proteger, respetar o garantizar esos derechos. Son herramientas para que la dignidad humana no quede solo en palabras.
El marco internacional de derechos humanos
El sistema internacional de derechos humanos se apoya en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en nueve tratados fundamentales:
El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
La Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes
La Convención sobre los Derechos del Niño
La Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial
La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
La Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares
La Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas
Cada uno de estos instrumentos representa un compromiso colectivo para que nadie quede atrás.
Un marco que protege la infancia
Hoy, todos los países del mundo han ratificado al menos uno de estos tratados, y muchos han asumido la mayoría de ellos. Esto los convierte en herramientas fundamentales para exigir que los gobiernos cumplan con su deber de respetar, proteger y garantizar los derechos de las personas.
Comprender este marco es esencial para defender los derechos de la infancia. La Convención sobre los Derechos del Niño no existe de manera aislada: forma parte de una arquitectura global construida sobre la convicción de que cada niño y cada niña merecen crecer en un entorno de respeto, cuidado y oportunidades.
Porque cuando el mundo protege los derechos humanos, y especialmente los derechos de la infancia, está eligiendo un futuro más justo, más humano y más solidario para todos.