Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
El desamor duele como si te arrancaran un pedazo del pecho, y está bien que llores, que extrañes, que te sientas perdido mirando fotos o recuerdos que todavía huelen a "nosotros".
No es debilidad:
Es humano.
Pero antes de rendirte al dolor y creer que nunca vas a volver a sentir mariposas o paz, recuerda esto:
Ese amor que se fue no se llevó tu capacidad de amar.
Solo se llevó una versión de la historia que ya no era para ti.
El amor verdadero no se acaba, se transforma, se redirige... y un día vuelve a llegar, pero más sano, más real, más tuyo.
Soltar no es olvidar ni borrar lo vivido.
Es dejar de cargar el peso de "qué hubiera pasado si...".
Es regalarte espacio para respirar, para sanar, para redescubrir quién eras antes de esa persona y quién puedes ser ahora.
Como dice una frase que me encanta:
"Aprende de tu pasado, pero no vivas en él.
Suéltalo y ábrete a lo que está por venir."
El tiempo no borra todo de golpe, pero sí hace algo mágico:
Convierte el dolor agudo en recuerdos suaves.
Un día piensas menos, otro día sonríes al recordar sin que duela tanto, y de pronto te das cuenta de que estás empezando a olvidar lo que te dolía recordar.
Esa es la señal de que estás sanando.
Sos mucho más que esa ruptura.
Sos la persona que sobrevivió noches enteras de insomnio pensando en "por qué no fui suficiente", que se levantó igual, que siguió adelante aunque el corazón latiera a medias.
Esa fuerza no se va con quien se fue; se queda contigo para siempre.
Hay un futuro esperándote donde no duele tanto.
Donde volver a reírte a carcajadas, donde alguien te mira y te hace sentir elegido de verdad, donde te das cuenta de que soltar fue el acto de amor más grande que te hiciste a vos mismo.
Hoy permitirte sentir todo:
La tristeza, la rabia, la nostalgia.
Pero no te quedes ahí para siempre.
Date permiso para dar un pasito chiquito:
Salir a caminar, hablar con un amigo, escribir lo que duele, escuchar esa canción que te hace llorar... y después, otra que te haga bailar.
Porque del otro lado del dolor hay una versión tuya más fuerte, más sabia, más libre.
Y esa versión ya está esperando a que la dejes entrar.
Te abrazo fuerte desde acá.