Las personas que tienen el coraje de expresar su verdad, en un mundo donde la máscara social es a veces una protección contra el rechazo son, de hecho, especiales.
Eligen la autenticidad, por encima de la conveniencia y asumen con dignidad, el riesgo de ser incomprendidos, heridos o rechazados.
Estas personas, no sólo reflejan una profundidad interior, sino que también inspiran a otros a ser ellos mismos, sin miedo.
El coraje de decir la verdad, con sinceridad, crea una belleza especial, una belleza rara, pura, llena de vida y transparencia.
Ofrecen, a través de su forma de ser, una valiosa lección; que la autenticidad, aunque a veces dolorosa, es liberadora y profundamente conectada.
En un mundo lleno de compromisos, estas personas son una fuente de energía, un ejemplo de humanidad comprometida y sincera.