Al final, todo encuentra el camino.. y aunque tu mente intente anticipar, controlar o descifrar el orden oculto de los acontecimientos, hay una inteligencia más profunda que sostiene cada giro, cada pausa y cada silencio en tu vida.
Nada queda suspendido en el vacío, todo lo que te ocurre se acomoda, tarde o temprano, en el lugar exacto donde tu ALMA puede comprender, crecer o liberarse.
A veces ese orden se revela de manera suave, como una brisa que empuja sin que te des cuenta, otras veces aparece como un giro abrupto que te obliga a detenerte y mirar con nuevos ojos.
Pero siempre está ahí, operando en la quietud de lo invisible.
Cuando confías en esa sabiduría que te guía sin pedir permiso, dejas de luchar contra lo que ocurre y empiezas a caminar con la vida, no contra ella.
Y en ese caminar descubres que nada fue un error, que nada fue tiempo perdido, que nada estuvo fuera de lugar.
Todo lo que parecía confuso, doloroso o incompleto se convierte en un punto dentro de un trayecto mayor.
Y entonces lo comprendes: no eras tú quien tenía que encontrar el camino… era el camino el que tenía que encontrarte a ti cuando estuvieras listo para verlo.