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En la cama nunca son dos.
Nunca fueron dos.
Aunque el mundo insista en acomodarlo, aunque la mirada solo alcance para contar un par de cuerpos, y entre sábanas se dibujen solo dos siluetas, entre los dos,siempre hay presencias que no se ven,pero que respiran entre los silencios,y que por las noches, abren una puerta secreta por donde se cuelan sombras antiguas como una brisa que recuerda por nosotros.
Somos vos y yo , el y ella ,ella y el ...
y también nuestras sombras...
Esa tuya, que guarda silencios remotos,
gestos que aprendiste de otros amores,
palabras que se te quedaron pegadas a la piel sin que las elijas.
Y la de ella, cargada de recuerdos que todavía duelen un poco,fragmentos de historias que no supo cerrar del todo, mandatos que heredó sin permiso, costumbres que se meten entre las sábanas cuando la noche ya no habla.
Sombras cargadas de pedacitos de vida,
de vínculos que dejaron marcas, de anclajes que aún no fueron soltados, de costumbres que se cuelan entre las sábanas como si tuvieran memoria propia.
En la cama siempre somos cuatro.
Ella, el y esos dos fantasmas tercos que se deslizan entre los pliegues,que se sientan al borde del colchón como quien vigila,como quien recuerda lo que se quiso olvidar,como quien no se quiere ir y que arrastran gestos aprendidos en otros tiempos,sombras que a veces abrazan y otras veces incomodan.
Sombras que esperan ser nombradas,
porque lo que no se reconoce,se vuelve denso...pesado...
Y es que cuando negamos a las sombras
ellas se hacen más grandes,más intensas,
más hambrientas, pero cuando las miramos de frente se vuelven parte del todo,un suave murmullo que nos recuerda de dónde venimos, qué aprendimos, y que nos quedó pulsando...
A veces su sombra roza su espalda y siente la historia que trae...
A veces la de ella le toca los hombros y le cuenta sin palabras lo que aún la sacude.
Pero así, así mismo, con sombras y todo,se
siguen eligiendo.
Nunca lo dicen en voz alta,pero las sombras hablan,y hablan mucho.
Dicen también que el verdadero encuentro no sucede entre dos cuerpos.
Es entre cuatro almas.
Entre lo que somos y lo que todavía estamos aprendiendo a ser, entre lo visible
y aquello que vibra detrás.
Algunos aseguran que solo cuando a las sombras se les hace un lugar sin miedo,
la cama deja de ser un campo de batalla silencioso y se convierte en un refugio, porque ella sabe , y vos sabés, que si se animan a abrazar también a esas sombras, a lo mejor el amor les quede un poquito más amplio,más verdadero,
más propio.
Y dicen por ahi, que no hay amor posible
si no se abrazan también las sombras que vienen con él, porque el amor se prueba ahí,
en esa frontera donde las sombras se revelan.
Y que solo quienes no huyen, pueden despertarse al día siguiente sabiendo que no durmieron con fantasmas,
sino con la verdad.