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Hay algo extraño en esa manía de rotularnos, como si el amor, el deseo, la compañía o el desamparo necesitaran un carnet plastificado para existir.
Nos enseñaron a decir mi esposo, mi esposa, mi marido, mi mujer, como quien dice mi casa, mi auto, mi DNI.
Después vinieron las versiones más contemporáneas...mi novio, mi novia, mi amante, mi casi algo, mi compañero, y el invento más audaz... mi amigo con derechos.
Etiquetas prolijas para un cúmulo de emociones que siempre fueron desbordadas.
Pero… ¿cuándo nos convencimos de que un rótulo nos sostiene? y ¿en qué momento creímos que nombrar al otro así, en diminutivo de pertenencia, le daría estabilidad a un vínculo que ya respira por si solo?
No somos “mi” nada.
Y, al mismo tiempo, cuando el encuentro es genuino, coincidimos y vibramos en sintonía, somos todo. Y somos cuando estamos juntos, sí... cuando el mate se enfría en la charla que se alarga, cuando la piel se reconoce sin pedir permiso, cuando las miradas conversan mejor que las palabras.
Pero también somos cuando no estamos... cuando la ausencia se vuelve una melodía lejana, cuando el nombre del otro queda colgado en la memoria como un vestido tibio que recién me quite, cuando el vínculo pulsa incluso en silencio.
Los rótulos sirven para los frascos, para los archivos, para el supermercado.
No para las personas.
No para eso que se arma en la transparencia entre dos almas que se encuentran y se transforman.
Un vínculo no se define por la forma en que lo presentamos al mundo, creo que se define por la manera en que nos habita cuando nadie mira, y es ahí cuando aparece lo verdadero, sin cartelitos, sin permisos, sin explicaciones.
Porque, al final, ningún rótulo alcanza.
Ninguna palabra de catálogo puede contener lo que pasa cuando dos almas se rozan.
Los rótulos ponen límites, y cuando limitamos el sentir, lo primero que se achica es el alma.
Las emociones empiezan a caminar en puntas de pie, con miedo a salirse del molde, con pánico a desbordar lo permitido.
Tengo la certeza de que los vínculos no se nombran, se sostienen, se eligen, se sienten o se sueltan.