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LA INCLUSIÓN EN AMÉRICA LATINA

América Latina es una región con una gran riqueza cultural y étnica, en la que los pueblos originarios y afrolatinos han buscado por años el reconocimiento y respeto de sus identidades, su forma de vida y el derecho sobre sus tierras, así como la lucha por la defensa de sus recursos naturales. Pese a ello, a lo largo de la historia sus derechos han sido vulnerados. En la actualidad, se encuentran sin duda entre las poblaciones más vulnerables y perjudicadas, respecto a las cuales la sociedad sigue poniendo las barreras del color, la situación socioeconómica, de los orígenes etc., y esto ha traído discriminación, racismo y violencia.

Parte de nuestra sociedad debe enfrentar cada día los desafíos que supone ser parte de un grupo étnico minoritario. Desde esa misma perspectiva, esos pueblos y comunidades han sido marginados del desarrollo económico, político, social y cultural, desconociéndose las manifestaciones propias de sus culturas.

Es una realidad innegable que las personas indígenas y afrolatinas aún continúan luchando para ser reconocidos como Pueblos. Poco a poco se han ido ganando espacio frente a los Estados pero aún falta mucho para que se constituyan como actores protagónicos. Es necesario construir una cultura de respeto en la sociedad, tanto respecto de sus derechos individuales como a los que adquieren como miembros de una comunidad. Solo así podremos alcanzar el bienestar y el desarrollo de todas nuestras comunidades.

Comunidades Indígenas

La inclusión es un concepto que engloba a toda nuestra sociedad, con sus grupos diversos y múltiples diferencias. El desarrollo mundial se apoya en él, ya que una de sus bases principales radica en facilitarnos a todas, todos y todes, las oportunidades y herramientas para convertirnos en miembros plenos de una sociedad, capaces de participar e influir en los temas que nos afectan.

 El problema es que, a pesar de todo el esfuerzo que se ha hecho en los últimos años para fomentar la inclusión como el principal motor de nuestras acciones y fines, aún hay grupos cuya situación está más cerca de la exclusión que de la inclusión misma.

Tal es el caso de las comunidades indígenas, que representan aproximadamente el 8% de la población de nuestro continente, casi 50 millones de personas, de los cuales 15 millones son niñez y adolescentes.

Estas comunidades son diversas entre sí. En todo el continente hay 522 pueblos indígenas, y hablan 420 lenguas distintas. Sus culturas también lo son, no solo entre sí, sino más notoriamente, entre el resto de la población, y si bien cada vez hay más comunidades indígenas formando parte de los espacios urbanos, la mayor parte de estas se encuentran alejadas de las ciudades.

Un estudio reciente realizado por el Banco Mundial indica que en nuestro continente, las personas indígenas constituyen el 14% de la población que se encuentra en situación de pobreza, y el 17% de quienes se encuentran en situaciones de extrema pobreza. Este duro panorama tiene sus raíces en las situaciones de exclusión en las que estas comunidades se han encontrado desde el principio de los tiempos, topándose con dificultades para que sus derechos básicos sean garantizados. Esto afecta desproporcionadamente a jóvenes y niñez, quienes no tienen siquiera la posibilidad de adquirir las herramientas necesarias para desarrollar habilidades y calificaciones que les permitan acceder a un futuro mejor, saliendo del ciclo de pobreza mencionado anteriormente.

En Brasil, por ejemplo, solo el 2,1% de la población indígena llega a acceder a la escuela secundaria, y sólo el 1% consigue acceder a la educación superior. Estos números contrastan fuertemente con aquellos que hacen referencia a las comunidades no indígenas, y suponen la muestra perfecta de la exclusión que viven estas comunidades a manos de un sistema que, hoy en día, no les toma en cuenta.

Es nuestra misión, como miembros de esta sociedad, luchar por un cambio tangible que se traduzca en mayores oportunidades para todas las comunidades, haciendo énfasis en aquellas que ya se encuentran en una situación de vulnerabilidad y exclusión, y comprendiendo que, al final, este concepto tiene 2 beneficios.  En el caso de las comunidades indígenas, practicar la inclusión no solo supondría un beneficio para aquellas personas que forman parte de estas comunidades, sino que permitiría, a quienes no lo hacen, conocer, aprender y enriquecerse de otras formas de vida que, de otro modo, no llegarían a ellos.

Si pensamos a la inclusión como el medio, y como el fin, seremos capaces de empezar a crear un futuro en el que las desigualdades sistemáticas, que afectan a grupos específicos, empiecen a formar parte de un pasado que podremos, si bien no olvidar, dejar atrás.

Comunidades Afrolatinas

La inclusión nos atraviesa a todas las personas. Es, en definitiva, un mecanismo que promueve el desarrollo de las comunidades en la región, y en el mundo. Resulta fundamental que la inclusión sea el denominador común de todas las acciones conducentes a una mejor calidad de vida de todos, todas y todes. La verdad es que ninguna sociedad puede progresar a partir de la exclusión, de la desidia y el odio.

En este sentido, la comunidad Afrodescendiente en América Latina, o comunidad Afrolatina, es la minoría más invisibilizada de la región. Conformada por un total de 133 millones de personas, y reconociéndose en ella 1 de cada 4 latinoamericanos, la comunidad Afrolatina resulta un ejemplo claro acerca de los efectos de la exclusión en las posibilidades de desarrollo de toda la sociedad. Es así que, a modo de ejemplo y según el Banco Mundial, la población afrodescendiente es 2.5 veces más propensa a vivir en pobreza crónica que las personas blancas y mestizas. Además, y de acuerdo a estimaciones de CEPAL, en varios países de América Latina la maternidad adolescente es mayor entre las personas gestantes Afrodescendientes. Cierto es que la exclusión y la desigualdad se presentan en todos los órdenes de la vida de la comunidad Afrolatina respecto a las demás comunidades de la región. Es así que, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, los jóvenes afrodescendientes de sexo masculino en Brasil tienen 2,5 veces mayores probabilidades de morir como consecuencia de la violencia que los jóvenes no afrodescendientes.

Es importante recalcar que estos números representan no sólo un fenómeno estructural, heredado de las prácticas esclavistas coloniales. Estos números representan la oportunidad de conocer mejor la difícil situación que conllevan las personas afrodescendientes en nuestra región; representan, además, la necesidad de sumar a esta comunidad a las mesas de decisión de los Estados, incluirla en la generación de políticas públicas, y de aunar esfuerzos ya no como individuos, sino como una sociedad integral que apueste por el desarrollo sin dejar a nadie atrás.

Fuente: UNICEF



Autor:EDITORIAL

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