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No hay dos personas iguales en el mundo, afortunadamente, porque las diferencias nos enriquecen y mejoran como especie.
Aunque dentro de esa individualidad, sí que hay rasgos que se repiten. Muchos son positivos aunque no les prestamos atención, sin embargo hay otros a los que sí les damos más importancia, que nos lastran y frenan nuestro propio desarrollo como personas, y específicamente como mujeres.
A lo largo de mis años de experiencia trabajando con distintos colectivos de mujeres, me he encontrado con un tipo de mujer semejantes entre sí, con una media de edad entre 40 y 60 años, que habiéndolo dado todo a su familia, hijos, esposo, padres,… y no faltándoles de nada básico, sienten que no ha sido suficiente, no se sienten plenas, creen que la vida tendría que ser algo más.
No son capaces de ver la causa de ese vacio, y es porque no se atreven a mirar hacia dentro. Pensar en ellas mismas les parece egoísta, y precisamente ese es el motivo de esa falta de “no se qué”. Es que han pensado tanto en hacer felices a los demás que se han olvidado de hacerse felices a ellas mismas. Y los demás han estado tan ocupados en recibir todo lo que les han ido dando que se han olvidado de corresponderles a ellas.
Esta no es una historia o situación de “buenos y malos”, es una historia de roles heredados, de creencias integradas casi en el ADN y en una sociedad acomodada a ellos.
Afortunadamente todo esto se puede cambiar. Se pueden variar las creencias, los roles, nuestros comportamientos,… no es difícil, sólo hay que tener voluntad de cambiarlos y saber el cómo.
A mí me encanta trabajar en el desarrollo de la Inteligencia Emocional y a través de la Psicología Positiva, porque hay que tener claro que nunca es tarde para esos cambios que tanto bien nos van a hacer, que siempre estamos a tiempo y que tampoco es difícil, porque no partimos de cero, se parte de los conocimientos y experiencias adquiridas a lo largo de la vida. Partimos de fortalezas que ya tenemos, se trata de verlas, ponerlas en valor, y de potenciar todo lo bueno que ya existe en cada una de nosotras, que es mucho.
En próximos artículos iré mostrando cómo, pero mientras llegan, me encantaría que pensarais en aquellas cosas que hacéis mejor que nadie, da igual que os lo reconozcan o no, vosotras en el fondo de vuestro corazón sabéis que sois las mejores en eso que estáis pensando. Y eso es solo la punta del iceberg de todo lo maravilloso que tenéis y que juntas iremos descubriendo.
Warmis del mundo ¡Por separado somos fuertes, juntas invencibles!
Manuela Nicolás